Sobre héroes y hazañas

Una pausa en el camino (año sabático)

Hace unos días fui invitado para participar en un debate acerca del ocio. Acepté la invitación de Julieta Giménez Cacho y Carolina Alba y pude hablar, así sea de manera breve, lacónica, concisa, del ocio atento, definición que aprendí en alguna apostilla de un libro imaginado por Alfonso Reyes. El ocio atento quiere decir la falta de actividad programada por lo que Octavio Paz denomina en  Piedra de sol  “los horarios carniceros”. Ahora que empiezo mi año sabático pienso en la frase de mi amigo Jorge Torres: “Me levanto y me desocupo”, frase incierta porque uno no se desocupa sino que se ocupa de otro modo, de otra manera: atento a todos los instrumentos de la orquesta para escribir un libro sobre “Muerte sin fin”, el poema más alto del siglo veinte mexicano y quizá y sin quizá uno de los principales monumentos líricos en la historia del idioma de Gracián y de Cervantes: “Lleno de mí, sitiado en mi epidermis/por un dios inasible que me ahoga/mentido acaso/por su radiante atmósfera de luces”. Emprender un abordaje crítico de ese enorme poema es afán hercúleo. Durante la charla sobre el ocio en la Casa del Lago, espléndido escenario, recordé la anécdota de Pedro Garfias, el gran poeta español. Cuando araba la tierra le preguntaron: “¿Trabajando, don Pedro?”, y respondió: “No, descansando” y, en la otra orilla, cuando emprendía los arduos empeños de la lectura le preguntaron: “¿Descansando, don Pedro?, y respondió: “No, trabajando”. Este giro de tuerca a la percepción de lo que hacemos es fundamental para entender que la lectura y el gozoso e íntimo oficio de escribir son labores que implican lo más pleno y fecundo de la condición humana. Y por cierto de Garfias siempre evoco: “Aquí estoy sobre mis montespastor de mis soledades.
Los ojos fieros clavadoscomo arpones en el aire.
La cayada de mi versoapuntalando la tarde.”
El diccionario avisa que la voz sabático se refiere al séptimo año en que los hebreos dejaban descansar sus tierras, viñas y olivares. Se trata de un salutífero alto en el camino después de haber bregado largos años sin tregua. Yo agradezco la pausa, y espero y estoy convencido de que será un paréntesis necesario para recargar pilas otra vez, y seguir avanzando en medio del camino de la vida, aligerándonos el tránsito de la existencia. 


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