Sobre héroes y hazañas

El ocaso de los ídolos

Algunos astros, extenuados de rutilar en otras latitudes, recalan en el futbol de México. Los ejemplos conforman una larga lista, se multiplican a tutiplén, pero yo comentaré sólo unos cuantos. Aquellos que aún retiene mi memoria. Y esto a propósito del fichaje de Ronaldinho por parte del Querétaro: han invertido en una figura que atraviesa la franja crepuscular de su carrera un palindrómico lanal.Eusebio, la Pantera negra, ha sido quizá y sin quizá el caso más patético. Jugó para los Rayados del Monterrey en 1975, nueve años después de haber sido el goleador de la copa del mundo. Abrumado por las lesiones Eusebio sólo marcó un gol en diez cotejos. También en México (en Toros Neza) jugó Bebeto, el artillero brasileño que hizo famoso su festejo con brazos de mecedora en el mundial de 1994. ¿Se acuerdan de Grzegorz Lato? El ariete polaco fue Bota de oro en el mundial de 1974 (siete dianas) y vino a México para jugar con el Atlante. En contraste con Eusebio el carismático Lato calvó quince goles con los Potros de Hierro. La selección de Lato había ganado el oro en los juegos olímpicos de Múnich. Aquí me detengo.Cuando Iván Zamorano llegó al América ya había sido Pichichi con el Real Madrid. Zamorano plantó cara con fortuna en el futbol mexicano en el entrecruce de los siglos XX y XXI, pero no estaba acabado.Otros enormes jugadores han pisado nuestras canchas. Todavía recuerdo la imagen de Josep Guardiola, deprimido y cabizbajo, cuando terminó el partido que decretó el descenso de los Dorados de Sinaloa.Es obvio que no podemos contratar a los mejores jugadores del mundo en su plenitud de facultades. Tener en nuestra liga, por ejemplo, a James Rodríguez, Messi o Cristiano Ronaldo es una empresa imposible. La pregunta es: ¿vale la pena contratar a estrellas en el crepúsculo de su trayectoria? Espero que Ronaldinho disipe nuestras dudas y salpimiente los juegos con su magia incontestable. Y que contradiga estas líneas con sus trazos henchidos de gracia y de inteligencia espacial en nuestras tierras. 


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