Sobre héroes y hazañas

Los milagrosos Mets de 1969

Siempre que leo a Paul Auster evoco, de manera inmediata, a los milagrosos Mets de Nueva York de 1969. El equipo cenicienta que cerró una segunda parte de la temporada de ensueño y que luego ganaría la Serie Mundial a nadie menos que a mis Orioles de Baltimore. Yo era un niño de pocos años pero mi padre me indujo (lo que agradezco hasta la fecha) a disfrutar el espectáculo del beisbol, la telegrafía sin hilos, el llamado rey de los deportes. En Sobre héroes y hazañas (Cal y arena, 2011) escribí: La fórmula para encontrar la velocidad, dijo el profesor Carlos Muñoz, es distancia sobre tiempo. Corría el año 1980 yo estudiaba ingeniería y hacía apenas un par de meses que “El expreso de Rufugio, Texas” Nolan Ryan había alcanzado su ponche número 3000. Tres años después batiría la marca de Walter Johnson al superar los 3509 chocolates. Ryan poseía una velocidad portentosa. Impuso la marca como el jugador que ha lanzado con mayor velocidad una pelota en la historia del beisbol: 104 millas por hora (ahora superada por Aroldis Chapman). La distancia del home a la placa de pitcheo es de 18.44 metros. Así, por ejemplo, un lanzamiento de 90 millas por hora va a 144.81 kilómetros por hora. Los riflazos de Ryan viajaban aún más rápido. Este lanzador vistió cuatro camisetas y jugó beisbol durante 27 años. Calzó playeras de cuatro equipos: Mets (a quienes ayudó a ganar la Serie Mundial de 1969), Angelinos, Astros y Rangers. En aquella Serie Mundial, donde la dupla de Tom (Seaver) y Jerry (Koosman) se llevó las palmas, Nolan Ryan cerró el tercer juego. Cumplía apenas su tercera temporada en las grandes ligas. Había entrado de relevo para lanzar sólo dos entradas y un tercio. El abridor fue el novato Gary Gentry. Los milagrosos Mets serán recordados por Tom y Jerry –nombres correlativos a los del gato y el ratón del programa cómico de TV- y, después, por el apagafuegos Tug McGraw. Nunca por la participación del entonces ignoto Ryan.Por eso insisto: siempre que leo a Paul Auster vienen a mi mente los protagonistas de la prodigiosa hazaña de 1969: los milagrosos Mets de Nueva York de Tom Seaver y Jerry Koosman. 


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