Sobre héroes y hazañas

"La invencible" de Vicente Quirarte

Dueño de una panoplia intelectual que lo mismo despliega el arte defensivo de la adarga con compactos ensayos que esgrime la cimitarra de la crítica fina y filosa, Vicente Quirarte se propuso escribir su testamento espiritual en un libro río-novela-ensayo-crónica: La invencible (Joaquín Mortiz, 2012). En esta obra Quirarte, atento a todos los instrumentos de la orquesta como él suele decir, hace gala de una notabilísima alianza entre la inteligencia acicular y la memoria-recipiente-dinámica.
El resultado es óptimo: a través de las páginas de La invencible podemos percibir el catálogo de libros que han iluminado la vida de Quirarte, una vida milimétricamente dedicada a la literatura en sus varios cauces y sentidos: ensayo, poesía, teatro, crónica, artículo periodístico y una larga fila de etcéteras. El libro gira sobre el gozne del suicidio del historiador Martín Quirarte, padre de Vicente y quien se arrojara de un puente ahora emblemático, logotípico. Debo decir que el nombre del ensayo narrativo se desprende de una cantina ubicada en San Ángel, en la ciudad de México: “La invencible.
Desvencijada y mínima, sus puertas batientes han renunciado a la dignidad amenazada del vidrio. Parece nacida con San Ángel, donde confluyen los latidos más hondos del barrio, sus instituciones aposentadas en edificios que conservan usos y rostros originales” (p. 135). A lo largo y lo ancho de La invencible advertimos esa sabiduría reposada que dan los años y, sobre todo, la asiduidad de la práctica del oficio de tinieblas que es la literatura.
De modo que agradecemos, asimismo, aquello que Alfonso Reyes afirmó en El deslinde: la sobreabundancia del servicio literario. ¿Por qué? Porque además de literatura en esta obra valoramos el profundo conocimiento de la historia nuestra y los pliegues y repliegues anecdóticos de algunas cumbres de la literatura universal, con el énfasis puesto en México. Vicente Quirarte ha dicho que este libro es, quizá y sin quizá, su testamento espiritual. De similar manera como Miguel de Unamuno eligió a El Cristo de Velázquez y a San Manuel Bueno, mártir como sus principales legados espirituales, donde la palabra espíritu abre sus alas como un gran paraguas semántico.
La invencible también es la imantada fusión entre vida y obra, entre autor y literatura, entre la existencia cotidiana y el acto creativo condensados en un ingenioso neologismo del escritor Julián Ríos: se trata de escrivivir. Por la variopinta y concentrada gama de recursos literarios puestos en marcha en La invencible Vicente Quirarte (el autor, pues) ha cincelado un libro-universidad que no tiene parangón entre nosotros: un trabuco verbal impermeable a los reveses y a las derrotas. Enhorabuena.


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