Sobre héroes y hazañas

El inolvidable Bobby Murcer

Aquejado de cáncer cerebral el elegante jardinero Bobby Murcer dijo adiós al mundo el 12 de julio de 2008. Había cumplido 62 años y una trayectoria de diecisiete temporadas en la gran carpa. Murcer tuvo como ídolo de su niñez a Micky Mantle, el gran bombardero de los yanquis que venció la barda más de quinientas veces. Quiso el azar providente que Murcer sustituyera a Mantle sin que le causara preocupación ninguna, tal como apunta en sus memorias. Murcer dijo que la única diferencia entre Mantle y él, a la hora de plantarse en el plato, era que Mantle si volaba la cerca, esto es, el poder de Mickey era superior al de Bobby. Además Micley Mantle era bateador ambidiestro, mientras que Bobby era cañonero zurdo y derecho para lanzar. Las comparaciones entre ambos fueron múltiples: además de haber nacido en Oklahoma, sus apellidos iniciaban con M, jugaron como paradores en corto en las ligas menores y tenían velocidad en los senderos: cada uno de estos jugadores robó más de cien bases en su carrera. Por eso cuando homenajearon a Murcer el gran jonronero Mantle dijo: “Ciertamente Bobby Murcer me sustituyó de manera magnífica. Y, efectivamente (sure enough), ninguno quiso permanecer como shortstop en las mayores”.
Dos torcedores enturbiaron la vida de quien habría de morir de cáncer cerebral: el no haber ganado jamás una serie mundial (la única que disputó, en 1981, tras su regreso a yanquis, la perdió frente a los Dodgers) y la muerte de su gran amigo el receptor Thurman Munson en 1979. Murcer pronunció las palabras en el funeral de Munson. Thurman había fallecido por un avionetazo: luego de sufrir la fractura del cuello murió por asfixia tras inhalar el humo provocado por el incendio del vehículo.
Los números de Bobby Murcer en las ligas mayores fueron muy buenos: un porcentaje de bateo de .277 que incluyó 252 jonrones. Participó en varios juegos de estrellas y fue guante de oro en 1972.
Apoyado sobre el féretro de su amigo Thurman Munson el gran Bobby Murcer recuerda los gratos momentos vividos con su camarada. Unos días después del entierro de Munson el caballero de los estadios, quien siempre quiso ser yanqui, envió el bat del partido inmediato a la muerte de Munson a la viuda del receptor: “Nosotros no queríamos jugar contra Baltimore. Finalmente jugamos y ganamos cinco a cuatro. Yo participé en la producción de las cinco carreras”. Era un gesto final de agradecimiento y de afecto mayúsculos.
A la hora de partir Murcer evoca no sin emoción: “Se me encoge el corazón al pensar que no estuve en aquel equipo que lidereó Thurman Munson: ganaron tres banderines y dos series mundiales consecutivas. Ni modo. No pudo ser. Así es la vida”. Descanse en el jardín celeste el inolvidable Bobby Murcer.


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