Sobre héroes y hazañas

La heroicidad de los mediocres

Intentaré ilustrar el concepto “heroicidad de los mediocres” con tres ejemplos atañederos a prácticas disímbolas del mundo deportivo. El primero de ellos, más cercano a nosotros, corresponde a un futbolista mexicano que dio, con tremendo zapatazo, un título a los Potros de Hierro del Atlante contra Pumas: Clemente Ovalle.

¿Qué fue de Clemente?, ¿dónde prolongó o culminó su trayectoria? Yo vi esa épica final en el Salón del Bosque de Guadalajara.

El segundo ejemplo es más antiguo y también, creo yo, más elocuente. Se trata de la mayúscula sorpresa boxística lograda palmo a palmo, milímetro a milímetro, por el moreno James Buster Douglas.

Con el aluvión de las apuestas adverso, luego de prometer a su madre en el trance agónico de ella, como voluntad última, el título mundial de los pesos completos, Douglas fraguó la hazaña inimaginable y noqueó a nadie menos que Myke Tyson. Sí, sí, sí: Douglas liquidó al gran chaparro aporreador de titanes.

Esa refriega la vi yo en Torreón, en la comarca lagunera.El tercer ejemplo para evidenciar cómo la grisura de un palmarés puede de súbito borrarse gracias a un milagro fue, ¡y cómo no!, el juego perfecto de Don Larsen en la serie mundial de 1956.

¿Qué hizo después este serpentinero adalid de la medianía?, ¿cómo terminó su ficha biográfica deportiva?He citado a tres grandes exponentes de una heroicidad deportiva increíble e imperecedera. Yo no había nacido cuando lo de Larsen, acaso por esta razón su proeza me parece o resulta, de manera paradójica, aún más memorable. ¡Salud! 


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