Sobre héroes y hazañas

La genialidad sin orillas de Morgagni I

Cerca de Bolonia se encuentra la pequeña ciudad de Forli donde nació uno de los más preclaros anatomistas de todos los tiempos: Giovanni Battista Morgagni. Un hombre que dedicó más de sesenta años de su vida a examinar cadáveres animales y humanos: no es gratuito que la mesa donde se llevan a cabo las autopsias se denomine “mesa de Morgagni”. En 1704 Morgagni, de espíritu inquisitivo e inconforme, funda “La Academia de los inquietos”. Y es triste que, entre los 15 hijos que tuvo el anatomista, quien había elegido seguir sus pasos como medicó falleciera muy joven. Despierta la curiosidad, asimismo, que sus ocho hijas hayan decidido ser monjas. Morgagni  gozó durante su dilatada vida del favor de varios papas. A tal grado que cuando los austriacos invadieron Bolonia se giró la orden de que nadie le tocase un cabello. Su fama como médico le granjeó el apodo de “Su majestad anatómica” (primero) y de Príncipe de todos los anatomistas europeos (después).
Mas la genialidad de Morgagni no sería evidenciada de manera contundente y enciclopédica sino hasta la publicación de su celebérrimo De sedibus et causis morborum per anatomen indagatis (Sobre las localizaciones y las causas de las enfermedades investigadas desde el punto de vista anatómico). Un conjunto de setenta epístolas dirigidas a diferentes academias europeas en donde aborda las enfermedades contra la teoría de los humores defendida por Hipócrates y por Galeno. Las epístolas son el esmerado fruto de los minuciosos reportes que llevaba a cabo el cirujano tras la apertura de los cadáveres. En su obra capital Morgagni dice que debemos escuchar “Los gritos de los órganos sufrientes”. Frase que se relaciona de manera directa con “La salud es el silencio del cuerpo”, atribuida a Pitágoras. Morgagni propone la localización de las enfermedades en los órganos. Para cumplir su propósito Giovanni Battista confronta las opiniones de los anatomistas del pasado y, asimismo, las argumentaciones de algunos coetáneos (su maestro Antonio Maria Valsalva, Giangirolamo Zanichelli (químico) o Giandomenico Santorini, Ludovicus Duretus, entre muchos otros).
En atención a su estructura externa el libro de Morgagni, publicado en Padua (Venecia) en 1761, cuando el autor bordeaba los 79 años, posee cinco grandes capítulos o brazos: enfermedades de la cabeza (1), del tórax (2), del abdomen (3), del resto del organismo (4) y una recapitulación de los razonamientos no incluidos durante la compilación del tratado (5). En el primer capítulo, por ejemplo, aborda la apoplejía, la hidrocefalia, la epilepsia, las convulsiones o las parálisis. Todo a la luz del examen minucioso del cerebro humano. En el tercer capítulo aborda a fondo la problemática de la cirrosis hepática. 


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