Sobre héroes y hazañas

La fiesta de los animales

Siempre he admirado la capacidad del ser humano para imitar los sonidos característicos de los animales. Plotino, en sus Enéadas, nos recordó que poseemos de algún modo las facetas, costumbres. tropismos o monomanías  de la variopinta fauna. Y en una afamada cumbia Lalo Núñez repasó con alegría impar  las emisiones sonoras de los animales: “La canta también el burro...” (Cumbia de los animales). Por eso me sorprendió la caricaturización asaz divertida de los sonidos animales llevada a cabo con gracioso empeño por Roberto Lavín Espada.

El espectro imitativo comprendió, entre otras machincuepas o piruetas verbales o somáticas, estornudo de cabrito, canto celebrante del gallo, zureo de palomas, gallina recogiendo alimento para sus críos, alarido de coyote, azoro de venado ante inminente amenaza, ululato de hiena y una larga fila de etcéteras. 

Este abanico de imitaciones, vistosas y  enfáticas, confirma que somos, como muy bien dijo Fray Luis de Granada en su Introducción del símbolo de la fe, compendio o síntesis de los animales que en el mundo existen. No hemos logrado dotar a nuestro cuerpo de alas o aletas para volar o navegar, pero hemos (eso sí) podido inventar sucedáneos metálicos para surcar los cielos y los mares. 

En la suprema elementalidad de la gama sonora que procede de los animales radica, pienso yo, nuestra más hermosa (a)ventura: somos ellos o quisiéramos ser como ellos. Múltiples animales palpitan en cada uno de nosotros. Por esto celebro y mucho la fiesta de los animales, orquestada por Roberto Lavín Espada para regocijo nuestro. 


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