Sobre héroes y hazañas

El enigmático Erich von dem Bach-Zalewski

Se le ha llamado enigmático y con razón. Sin embargo, al revisar las etapas de su vida debemos reconocer que más que enigmático fue hijo mimado de la fortuna, como se solía decir del músico Bellini. A pesar de haber cometido atrocidades sin cuento (o sin cuenta), masacres de judíos y de gitanos, devastación de Varsovia, sofocación de la rebelión del gueto en la misma Varsovia, asesinato de comunistas y demás lindezas, Bach-Zalewski (o Zelewski) se salvó de ser condenado y llevado a la horca en Nuremberg. Es verdad que durante el juicio respondió con aplomo, sin vacilaciones: aceptó ser miembro de la SS, subalterno de Himmler y fundador de Auschwitz. Es verdad que a sus hermanas (casadas con judíos) decía que el antisemitismo era sólo una teoría general sin apoyo concreto en la realidad de la guerra. Es verdad que, para disimular la resonancia eslava del apellido Zelewski, Erich von dem añadió el muy alemán Bach preludial. Es verdad que aullaba de fiebre y de delirios en su celda en Nuremberg: decía que tenía horrendas visiones de niños que lo acusaban por haberles matado sin piedad ni clemencia. Es verdad que despertaba a sus vecinos de habitación con esos desaforados gritos de rabia y de pavor mayúsculos. Increíble que Bach-Zalewski haya sorteado escollos e impugnaciones o, más bien, que las impugnaciones en su contra fueron más endebles que la resistencia quebradiza de los juncos. Bach-Zalewski, herido durante la Primera Guerra Mundial, era como los gatos: lo arrojabas al aire y siempre caía parado. Obtuvo la cruz de hierro y demostró ser un valiente soldado. Bach Zalewski siempre fue un ejemplo de fortuna admirable. Fue llevado a prisión varias veces y varias veces salió airoso. Duraba poco encerrado. Su personalidad movía a compasión. En Nuremberg fueron condenados a la horca militares que mataron ni siquiera a la cuarta parte de judíos contrastándolos con las iniquidades de Bach-Zalewski.Erich von dem Bach-Zalewski murió tras cumplir 73 años en una prisión postrera donde recordaba las veces que, sin tregua ni reposo, enviaba a los niños a las cámaras de gas. Todavía en sus últimos años fue agobiado por esas siniestras pesadillas que revivían un pasado ominoso del que se arrepentía. ¿Por qué se salvó Zalewski de ser ejecutado en Nuremberg? La respuesta es más sencilla de lo que parece: porque se declaró culpable de todo desde el principio. Culpable y arrepentido. Aunque es evidente que sus momentos de sinceridad granítica, justo cuando ya nadie podía verlo ni escucharlo, en la soledad absoluta de su celda, Erich von dem Bach-Zalewski recordaba con vibrante emoción sus crímenes y sus oprobios, sus crueldades y sus imperativos de muerte. Y la polilla de la culpa royéndole la sonrisa. 


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