Sobre héroes y hazañas

El carpintero de la muerte (primera parte)

Hace ya varios años imaginé un ensayo sobre el hombre del búho, el poeta mexicano Enrique González Martínez (EL misterio y su lámpara, Seminario de Cultura Mexicana, 1998). En ese libro emprendí una ponderación múltiple de la poesía del autor de “Irás sobre la vida de las cosas”, pero dejé de costado la faceta, no menos relevante aunque si más estrecha, de González Martínez como traductor. Al espigar en sus obras completas releí “Jardines de Francia”, ese animado retablo de versiones al español de poetas franceses o, como en el caso que nos atañe, de escritores nacidos en otras latitudes pero que mostraron su principal vena creativa en francés: el griego Jean Moréas es uno de ellos. Como sabemos, gran amigo de Rubén Darío, Moréas consagró su vida a la poesía y publicó, primero, el manifiesto simbolista y se decantó, después, por la arista romántica con desembocadura clásica y, si me apuran, decadente. De Moréas en “Jardines de Francia” González Martínez tradujo sólo tres poemas. Me retuvo el Nocturno: un poema donde nos sorprende la recurrente estrategia retórica que contribuye a potenciar, como espero ver aquí, el plan trazado por el hacedor de Las cantilenas. Hete aquí un comentario general de cada zona abordada:
Toc, toc, toc, toc –golpea aprisa y fuerte,
toc, toc- el carpintero de la muerte.
Este ritornelo preside las cuartetas donde destaca la duplicación o repetición en contacto. En el poema de Moréas se respeta el toc, toc, pero el poeta prescinde en algunos casos de las comas entre las onomatopeyas. El toc, toc, vocativo es, en un segundo examen, el tictac del transcurrir temporal. Sabemos asimismo que el guiño onomatopéyico alienta un doble propósito: los golpes del carpintero de la muerte y la insistencia o llamado de quien ha perdido a su amada: golpe y reclamo.
Buen carpintero, buen carpintero,
de abeto o roble busca un madero
y hazme una caja grande y pesada
para encerrar en ella a mi amada.
El primer verso privilegia la reduplicación. González Martínez, al elegir la rima consonante, se inclina por una inteligencia compositiva que habrá de reducir las repeticiones, estratagema central de la cosmopoética de Moréas. Sin embargo, la rima consonante compensa esta inopinada reducción de sonidos semejantes. Quiero decir que la versión del autor de Los senderos ocultos refuerza la semejanza sonora en el eje vertical, mientras que Moréas apuesta con mayor vigor por el eje horizontal, como enseguida veremos.
Entendemos que la caja debe ser grande y pesada como correspondencia al dolor, intenso y agudo, del poeta. En el segunado cuarteto se lleva a cabo la primera reducción de reduplicaciones:
Forra la caja con níveos rasos
como sus dientes; azules lazos
quiero que prendas a sus despojos,
como sus ojos, como sus ojos.


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