Sobre héroes y hazañas

En busca de la felicidad entrevista

En el primer libro de la aristotélica Ética a Nicómaco (Gredos, 2007) se proponen varias fórmulas para encontrar la felicidad: bienes externos e internos, prosperidad material y, sobre todo, actividad del alma. El enfermo cree que la felicidad estriba en la salud, y el pobre busca con denuedo la riqueza para paliar su hambre. Aristóteles, lo mismo que Platón, piensa que la felicidad no consiste en una sola conquista: virtud, placer, salud. Ahora sabemos que ese estado del hombre, así apodado, es transitorio, efímero, inestable. Y, además, es una conjunción o combinatoria de varios factores. Los rostros de la felicidad son múltiples y disímbolos. Eso lo sabían Platón, Aristóteles, Marcial y, asimismo, el poeta romántico inglés John Keats. Ninguna felicidad es asequible en un mundo imperfecto. La busca, entonces, es permanente e incesante, pero quizá siempre condenada al fracaso. Por eso resulta atractiva la propuesta que entraña el poema “Sobre una carta de John Keats” del escritor Luis Alberto de Cuenca. En este organismo verbal el autor se decanta por la pluralidad de bienes. Transcribo el poema:

SOBRE UNA CARTA DE JOHN KEATS

Un dios por quien jurar. El buen tiempo (supongo).

La salud. Muchos libros. Un paisaje de Friedrich.

La mente en paz. Tu cuerpo desnudo en la terraza.

Un macizo de lilas donde rezar a Flora.

Dos o tres enemigos y dos o tres amigos.

Todo eso junto es la felicidad.

Cuenca inicia el poema con un bien ubicuo (presencia de inmensidad dirían los teólogos medievales): “Un dios por quien jurar”. Externo (si existe) e interno (si insiste, como quería Unamuno). El paréntesis de la segunda condición de la felicidad (“El buen tiempo (supongo)) induce en el lector la duda respecto de si el “buen tiempo” es propicio para el ánimo festivo. El paréntesis presupone duda. La tercera condición -”La salud”- es inobjetable. El “Muchos libros” se puede trocar por el quevediano “Con pocos pero doctos libros juntos”.

Y el “…paisaje de Friedrich” por el “Jardín de las delicias” del Bosco. Ambos bienes son propiedad del mundo cultural: la literatura y las artes plásticas. El tercer verso abre con la afirmación de un bien inconcuso “La mente en paz”: conforme consigo misma, sin culpas, arrepentimientos o aflicciones. La prolongación del verso es reveladora y alude a la otredad amorosa, al erotismo: “Tu cuerpo desnudo en la terraza”. Es un verso gobernado o presidido por la metonimia. Y luego la alusión a la diosa de la vegetación floral: la fecundidad y la celebración de quien prolonga la vida: “Un macizo de lilas donde rezar a Flora”. Llama la atención que en su listado incluya el balance entre filias y fobias, entre amigos y enemigos. Y el remate contundente y certero: “Todo eso junto es la felicidad”.

gilbertoprado@hotmail.com