Sobre héroes y hazañas

La belleza de RECONOCER

Siempre que me preguntan acerca de la voz más hermosa del idioma español suelo sugerir en primer término la palabra palindrómica RECONOCER.

Se trata, en efecto, de una de las pocas voces retrógradas o de lectura reversible de nuestra lengua.

Junto a ella localizamos, por ejemplo, somos, anilina, radar, Ana, solos y muchas más, pero reconocer es verbo y esto ya abona a su favor, aunque la frase resulte pleonástica porque abonar implica la acreditación de lo bueno.

Reconocer invita al recorrido inicial, de izquierda a derecha, donde conocemos la palabra y la lectura complementaria (de derecha a izquierda) induce el movimiento del ánimo para que se fragüe el (re)conocimiento.

Es decir: al leer la palabra en los dos sentidos conocemos y reconocemos. 

Además reconocer entraña simetría vocálica perfecta: E-OO-E.

Recuerdo que Miguel de Unamuno solía decir que cuando nos sucede algo insólito o cuando nuestra conducta se aparta de las pautas rutinarias solemos afirmar: “me desconozco”.

Cuando que, en rigor, deberíamos decir: “Me empiezo a conocer de otro modo o me reconozco”. Entre los diecisiete significados que aporta el diccionario de la RAE me quedo con el séptimo que coincide con la tercera acepción que arroja Covarrubias: “Dicho de una persona: mostrarse agradecida a otra por haber recibido un beneficio suyo”.

Mientras que Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana o española ofrece: “Confesar lo que uno debe a otro de beneficio”.

Reconozco que me has ayudado es frase escasa en nuestros pagos porque la ingratitud es una yerba/hierba que prolifera de manera rauda y espontánea: “hacerle un bien al ingrato es lo mismo que ofenderle”, solía decir mi madre.

Podría seguir enlistando las bondades del verbo reconocer. Implica en otro sentido un acto de humildad –voz que según Corominas viene de humus: suelo, tierra- y que, por lo mismo, nos recuerda que nuestro destino final es la huesa o sepultura: “¡Todo es eternidad, todo fue antes!/Y todo lo que es hoy será después,/en el Instante que abre los instantes,/y el hoyo de la muerte a nuestros pies”, escribió Valle Inclán.

Me mola reconocer su  magia. 


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