Sobre héroes y hazañas

Las alas en rotación (segunda y última parte)

La cuarta estrategia consiste en leer el primer verso y sólo aquellos que implican negación:

Quieto
                         No en la rama
                                 No en el aire
                                       El colibrí

Lectura diagonal o lectura de la segunda columna más el primer verso.
Y hay algo más, algo que se convierte en clave de recepción de éste y de muchos otros poemas de Paz, quien explicó en varios ensayos -y dedicó un capítulo de El arco y la lira a este aspecto- el concepto “signos en rotación”: el poema no inicia con el verso que aparece en la parte superior de la “escalera de seis peldaños”. No: el poema inicia con el primer verso que el lector elige para emprender la lectura. La energía del poema es tal que su fuerza generatriz radica en cualquiera de los versos:

En la dispersión de sus fragmentos...El poema ¿no es ese espacio vibrante sobre el cual se proyecta un puñado de signos como un ideograma que fuese un surtidor de significaciones? Espacio, proyección, ideograma: estas tres palabras aluden a una operación que consiste en desplegar un lugar, un aquí, que reciba y sostenga una escritura: fragmentos que se reagrupan y buscan constituir una figura, un núcleo de significados. (el énfasis es mío) (El arco y la lira, p. 270).

Reagrupemos los fragmentos (versos). Emprendamos la lectura a partir del segundo verso:
           
            No en la rama
En el aire
           No en el aire
En el instante
          El colibrí
Quieto

O a partir del tercero:

En el aire
          No en el aire
En el instante
        El colibrí
Quieto
       No en la rama

O desde cualquier otra línea.

El movimiento del poema inicia donde el lector fija su atención, esto es, donde la mirada incide. Advertimos que los signos están en movimiento perpetuo, en constante y encendida rotación. La fijeza del colibrí contrasta con el movimiento de los signos: la fijeza del pájaro, suspendido sobre su propio eje de rotación, contrasta con el vertiginoso batir de sus alas. El poema hexagonal está fijo como el colibrí, pero sus versos giran y giran como las alas de ese pájaro que reproduce la esencia de la palabra poética como movimiento danzante -Malherbe- monolocalizado. Y es el lector quien, con el movimiento de su ánimo, induce la puesta en marcha del aleteo, a partir del verso que al azar elija: los signos en rotación, la poesía en movimiento, las alas del colibrí esmerándose en su batir expresivo.


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