Sobre héroes y hazañas

Yogi Berra in memoriam

Doloroso es ver cuando una estrella muere; doloroso es ver cuando una luz se apaga; doloroso es ver cuando un inmortal muere. Ya sé: la expresión última bordea el territorio del sinsentido aunque en un segundo examen advertimos que se trata de un contrasentido, no de un sinsentido.

Así eran las frases del gran ex receptor yanqui Yogi Berra, una leyenda que murió tras haber cumplido la friolera de los noventa años.

Cinco botones de muestra: “el beisbol es noventa por ciento mental, la otra mitad es física”, “siempre voy a los entierros de los demás, porque de lo contrario ellos no vendrán al mío”, “el juego no se acaba hasta que se acaba”, “si no sabemos hacia dónde vamos, terminaremos en cualquier otro lugar”, “yo nunca dije lo que dije”.

La cuarta frase la firma Séneca: “no hay viento favorable para el que no sabe a dónde va”.Yogi Berra ganó todo en el beisbol de la gran carpa: diez títulos con los yanquis, varias veces jugador más valioso de la liga, récord de series mundiales disputadas y más, pero él consideraba su logro supremo haber sido el cátcher en el mítico juego de la serie mundial de 1956 lanzado por Don Larsen: el único juego perfecto en series mundiales.

Una hazaña imperecedera. Por eso Berra guardó con celo infinito aquella manopla. Y solía rememorar el momento cumbre: “Cuando Don Larsen enfrentó al último bateador del partido, el emergente Dale Mitchel de los Dodgers de Brooklyn, la fanaticada del Yankee Stadium gritaba frenética.

El umpire cantó un dudoso tercer strike y Larsen, extático, esperó el abrazo de Yogi Berra, el receptor de los mulos de Manhattan”. Allí la emoción potenció su alta magia.

La familia de Yogi dijo en un comunicado difundido a través del museo que lleva el nombre del glorioso jugador: “aunque lloramos la pérdida de nuestro padre, abuelo y bisabuelo, sabemos que está en paz con Mamá”.

Y tenía toda la razón el apodador del oso Yogi: “el juego de la vida no se acaba hasta que se acaba”. 



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