Sobre héroes y hazañas

Vindicación de Cristiano Ronaldo

Zinedine Zidane no toma la decisión extrema: es el propio Cristiano Ronaldo quien pide ser el quinto cobrador de la serie de penales contra el Atlético de Madrid en la final de la Champions. Zinedine recuerda que Cristiano abrió fuego en aquella semifinal contra el Bayern Munich frente a Neur e, inexplicablemente, falló, pero ahora le cree al portugués quien está ávido de vindicarse.

Por la mente de Cristiano Ronaldo cruzan dos momentos: el yerro frente a Neur y, sobre todo, la increíble falla en la final de la Champions 2007-2008 contra el Chelsea en el estadio Luzhniki de Moscú.

Cristiano recuerda que enfrente estaba Petr Cech, el espigado y alto arquero checo que había cumplido años un día antes (20 de mayo de 2008) y que, además, había sido sometido a una ordalía quirúrgica en boca y barbilla apenas un mes antes del juego decisivo contra el Manchester United. Cristiano se perfila. Cristiano se detiene al tiempo que amaga. Cristiano dispara y Cech, formidable, para el balón y lo arroja por encima del travesaño.

Ha fallado Cristiano Ronaldo. Ha fallado en lo que después consideró “el peor momento de su vida”. Por eso ahora, habilitado en quinta posición de tiro y sabedor de que su penal será decisivo si lo anota (pues Juanfran ha fallado penosamente: los maderos le escamotearon la gloria deportiva al Atlético de Madrid: primero Antoine Griezmann y después Juan Francisco Torres Belén (Juanfran) en la tanda di rigori).

Cristiano tiene enfrente al enorme cancerbero Jan Oblack. Cristiano Ronaldo se perfila agobiado por el peso de las dos fallas como cobrador de penales en semifinal y final de Champions. Y ahora sí asesta un arponazo maravilloso que le da la undécima Copa al Real Madrid.

Recuerdo que, justo en Madrid, cuando Cristiano falló frente al Bayern Münich un taxista me dijo: “No importa: tenemos una borrachera de copas insuperable. Nadie nos alcanza”. Es cierto que el mayor ganador de Champions en el siglo 21 es el Barcelona, pero también es cierto que el Real Madrid supera ya por diferencia de cuatro al Milán (justo el escenario donde se llevó a cabo la última gesta).

Zinedine Zidane sonríe. Recuerda aquel golazo en la final del capicúa 2002 para conseguir la novena contra el Bayern Laverkusen en Glasgow. Por eso Zidane aceptó la propuesta de Cristiano Ronaldo como quinto tirador: porque sabía que el ariete -el máximo anotador histórico de la Champions- no podría fallar. Los inmortales se equivocan de vez en vez, pero no siempre.


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