Sobre héroes y hazañas

Tommy Hanson in memoriam

Siempre que fallece de manera inesperada un deportista joven recuerdo la falacia de la prelación en el orden de la muerte. Cuando murió el Hijo del Perro Aguayo escribí: “Al margen del análisis fino respecto de la incuria o descuido de quienes deberían estar alertas para atender de inmediato los contratiempos físicos en los encordados, la muerte del Hijo del Perro Aguayo me hizo pensar en la falacia de lo que el poeta de Valencia ha llamado “prelación en el orden de la muerte”.

¿Qué significa esto? Significa que, en atención a la edad, los padres deberían morir antes que sus hijos.

Nada más falso porque la vida humana es vulnerable, aleve y susceptible a padecer los embates y los envites del azar, la malhadada suerte de los accidentes, el sino absurdo e incomprensible de la desgracia que sobreviene de repente, en contra de todas las previsiones”.

Sólo en una dimensión distinta podría uno acostumbrarse a los “de repentes”, como afirma Juan Rulfo: “Allá te acostumbrarás a los “de repentes”, mi hijo”.

Lo mismo pensé cuando murió el ariete ecuatoriano Christian Benítez. O cuando se arrojó desde un balcón el maratonista Wanjiru o cuando se desplomó de manera trágica y súbita el defensor del Sevilla Antonio Puerta en el minuto 28 de aquel malhadado juego contra el Getafe. Y una larga fila de etcéteras.

Las causas de las muertes inopinadas de deportistas jóvenes son: enfermedad, accidente (los boxeadores Sal Sánchez, Carlos Monzón o Víctor Galíndez, para citar sólo tres ejemplos) o voluntad propia de desaparición que, traducido al buen romance, solemos llamar suicidio: se dice que el balconazo de Sammy Wanjiru fue intencional, porque su mujer acababa de descubrirlo en la cama con otra fémina. Y en el rubro de los accidentes (cuando no hay intención de auto-finiquitarse) podemos considerar el tema de los decesos por sobredosis.

¿De qué murió Tommy Hanson? No se sabe. Hay una línea trazada en el sentido de que la insuficiencia orgánica catastrófica fue provocada por sobredosis. Pero nada en firme. Hanson jugó para Bravos y Ángeles en la Gran Carpa.

Luego las lesiones lo retiraron. En su primera temporada en el circuito mayor del beisbol quedó en tercer lugar en la lista de los novatos del año con una marca de once ganados y sólo cuatro descalabros (2009). El ex lanzador tenía 29 años cuando murió en el hospital Piedmont. Sé que la muerte súbita de un ser cercano o querido apiada los corazones.

Lo cierto es que de manera unánime familiares y amigos de Hanson lo definieron como un muy buen pícher, gran compañero y extraordinaria persona.

Que en el Más Allá lance su mejor juego.


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