Sobre héroes y hazañas

Semblanza de Carlos Monzón

Cuando murió Roberto Sánchez (Sandro) recordé al mejor boxeador argentino de todos los tiempos: el inmortal Carlos Monzón quien le llevaba sólo tres años al cantante: Monzón nació en Santa Fe el 8 de agosto de 1942; Sandro en Valentín Alsina, provincia de Buenos Aires, un 19 de agosto de 1945.  Vidas no paralelas, pero físicos semejantes: desgarbados y melenudos, altos y correosos.

Monzón tuvo, a mi juicio, tres momentos estelares que lo catapultaron hacia una fama frenética: la conquista del mundo desde Roma cuando noqueó al idolazo italiano Nino Benvenutti el 7 de noviembre de 1970, el segundo enfrentamiento contra Bennie Briscoe, el reñido zipizape contra el moreno Emile Griffith y la llamada por Julio Cortázar “Noche de Mantequilla”. 

El Gaucho de Hierro, quien falleció en un accidente automovilístico en 1995, era descendiente de la tribu de los mocovíes y debió no poca de su fortaleza y determinación a la sangre indígena. 

Monzón acabó con Benvenutti con recio derechazo a la mandíbula ante el estupor de un auditorio que daba por descontado el triunfo de Nino. Roma se conmovió de pies a cabeza. El “Niño bello” había sido noqueado por la estrella emergente. 

En la refriega contra Griffith, en Mónaco, el moreno arrojó varios latigazos en busca del nocaut. Monzón los esquivó con inteligencia y clase. Una clase basada en el delicado equilibrio entre velocidad y fuerza y, además, en un incansable jab de izquierda que abría camino a la letal derecha.


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