Sobre héroes y hazañas

Semblanza de Antonio Lomelín

Valentía, sí; temeridad, no: sello distintivo del carismático torero acapulqueño Antonio Lomelín, fallecido de un ataque cardiaco en el 2004.

Entre los toreros mexicanos de su generación Lomelín se caracterizó por manejar con especial fineza dos de los tres tercios: banderillas y espada. Aunque su carrera profesional fue dilatada, colmada de éxitos, peripecias y accidentes sin cuento, todos recordamos la imagen estremecedora y patética de Antonio Lomelín primero arrastrándose en la Arena México tras haber sido corneado (en México decimos cornado) por Bermejo de Xajay y, después, poniéndose en pie para poder ser atendido: valiente de valientes.

El burel le descubrió el paquete intestinal a Antonio cuando éste intentó colocarle un par de banderillas “al cambio”: 16 de febrero de 1975.

Mas no fue esa la vez en que Antonio tuvo más miedo en el ruedo. Así se lo contó a Pedro Julio Jiménez Villaseñor: “Fue en Barcelona cuando Manuel del Pozo, “Rayito”, me informó que me había tocado en suerte el toro más chico de la corrida y saldría en primer lugar de mi lote. Tranquilo me vestí y fui a la plaza. 

Allí volví a la realidad cuando se anunció que el toro más chico, el que me había tocado, pesaba nada menos que 620 kilos. Ese día sí tuve miedo”. En la plaza México Antonio toreó 40 tardes.

Cortó 16 orejas y dos rabos y fue gran estoqueador y uno de los pocos toreros mexicanos que ha salido en hombros de la Plaza de las Ventas de Madrid, España. Antes de abandonar estas líneas quisiera recordar una vez más aquella corrida en la que Lomelín fue corneado en el abdomen. Escuchemos la narración de Arturo Bolio Cerdán: “De pronto el locutor (se refiere a Paco Malgesto) anunció que el burel había prendido al matador por el vientre.

Antonio Lomelín estaba tendido en la arena, deteniendo con las manos al frente lo que escapaba de su interior. Las vísceras, los intestinos, asomaron al ruedo y se mezclaron con la arena.

El torero está consciente. Se puso de pie y recogió lo suyo regresándolo a su sitio, a sus entrañas.

Caminando herido busca la enfermería, mientras las asistencias hacen por él para brindarle auxilio y salvar su vida”. El abuelo de Arturo Bolio murió tras darse cuenta de que Lomelín había experimentado una cogida/corneada tremenda. Así se intituló el artículo de su nieto: “Muerte por cornada ajena”. Mi abuelo murió “por una cornada que a él no le dieron”. 


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