Sobre héroes y hazañas

Rompo una lanza por Pacquiao

A pocos días de la llamada pelea del siglo preciso hacer un comentario. Pelea del siglo sí porque la centuria apenas amanece aunque en este siglo he visto dos tremendos agarrones en donde participaron quienes habrán de contender el próximo sábado: el último entre Juan Manuel Márquez y Pacquiao (2012) y el protagonizado por Floyd Mayweather Jr. contra Óscar de la Hoya en 2007.

Esta pelea, junto a la primera de Floyd contra José Luis Castillo, evidenció que el hombre de la elasticidad exasperante no es invencible. 

En ambas refriegas los jueces vieron ganador al moreno, pero en la batalla que sostuvo con José Luis Castillo la tarjeta Lederman vio ganador al temible boxeador de Empalme, Sonora. Y lo vio ganador en los criterios contundentes: mayor número de golpes acertados y mejores bombazos de gran calado.

De modo que las posibilidades de Pacquiao no son pocas si despliega su estilo relampagueante que nos hace pensar, cuando  suelta sus andanadas, que posee veinte brazos. De la Hoya y el Chino Maidana equivocaron la estrategia al querer abrumar en las cuerdas con maquinitas a Mayweather Jr. Esto es lo que mejor le conviene a Floyd porque resiste la mar y porque, asimismo, invita al oponente a entrar al terreno donde se torna resbaladizo, problemático, impenetrable. 

En Sobre héroes y hazañas (Cal y Arena, 2011) tracé una breve semblanza del esteta filipino, y puse énfasis en lo siguiente: “Se destaca de Manny Pacquiao su resistencia, empuje, velocidad y fuerza, pero casi nadie repara en su maravilloso juego de piernas. Podemos hacer una lectura, en cada pelea, de la manera como utiliza las piernas este asombroso gladiador de los encordados y descubriremos que no poca de su fortuna como pugilista se debe a este recurso.

En el pleito en que se retiró Marco Antonio Barrera Pacquiao exhibió una vez más una sinfonía pedestre”.Contra el soberbio Mayweather el juego de piernas de Manny volverá a ser la clave.

Si Pacquiao quiere ganar debe tumbar, velis nolis, a su evasivo rival. Y debe, asimismo, forzar la pelea para que ocurra en el centro del cuadrilátero y no en las cuerdas, donde el adorador del dios Mammón es imbatible. 


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