Sobre héroes y hazañas

Primero sueño y Muerte sin fin

Es curioso que haya coincidido en varios asedios o abordajes temáticos de parcelas artísticas o literarias con Emiliano Gironella. Hace unos años publicamos México al filo, un libro que da cuenta de los decapitados en México a partir de la llamada “Guerra contra el narco”. Cada uno de nosotros había trabajado el tema de manera independiente y sin tener noticia del quehacer del otro: venturosa coincidencia.

Y luego, sin ponernos de acuerdo ni proponérnoslo de manera explícita, llegamos a comentar nuestra admiración hacia los poemas “Primero sueño” de Sor Juana y “Muerte sin fin” de José Gorostiza: misteriosos caminos del azar dadivoso, como solía adjetivar Borges a esa concomitancia secreta de hechos o circunstancias. Aquí me detengo.

Emprendí, hace ya varios años, la tarea de cotejar dos de los más grandes poemas de la lírica mexicana de todos los tiempos. El afán de investigación fue arduo: se trata de dos autores de prestigio y nombradía internacionales. Se trata, además, de poemas extensos y de aliento ¾aunque no deliberado¾ filosófico.

Ambos poemas cumplen una travesía. El primero de ellos, escrito hace ya varios siglos, “narra” el viaje del intelecto en pos de la aprehensión de la realidad. Es un viaje psíquico apoyado en la sabiduría mitológica y en una fe sin orillas en la errancia del espíritu humano que, en experiencia límite, intenta la ruptura respecto de las amarras del cuerpo y explora el mundo con ojos avispados, con una memoria que suministra datos a la imaginación alada, enfebrecida, del hablante lírico.

Este periplo culmina con la vuelta a la lucidez de la razón: “El mundo iluminado y yo despierta”. Significa que, en la lectura simétrica y opuesta, durante el poema el mundo yace oscuro y la poeta gira dormida.

El segundo poema, considerado por las diversas oscilaciones críticas como la cima de la poesía mexicana en el siglo pasado, inicia con el asombro personal y traza un largo arco de sentido teleológico y, después, anti-teleológico para culminar en la gran catástrofe de los seres que desandan su camino hacia la nada. El viaje de “Muerte sin fin” es primero evolutivo y después involutivo: va de la creación a la des-creación, de la vida a la muerte, del ser a la nada, de la luz a la oscuridad. Esa odisea posee, como hemos dicho, dos grandes brazos temáticos: progresión y regresión, andar y desandar.

Y cierra su movimiento con una vuelta al yo pasmado ante la conciencia del fin que es la conciencia del último límite. “Muerte sin fin” es la imaginaria andadura de un mundo presidida por dos pilares subjetivos, significados por los versos que inauguran y clausuran el poema. En contraste con el poema de sor Juana, las referencias o alusiones no son explícitas y hay que aguzar el ingenio para descifrarlas. Primero sueño y Muerte sin fin: dos himalayas de la lírica mexicana.


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