Sobre héroes y hazañas

Paavo Nurmi: el finlandés volador II

Tras su retiro el Finlandés volador, Nurmi, vivió años de soledad y de recogimiento. Estuvo casado con Sylvi Nurmi un breve lapso (1932-1935). Con ella tuvo un hijo: Matti. Atleta de prestigio nacional. El relámpago finés murió el dos de octubre de 1973. Y mereció funerales de estado en su natal Finlandia. Un año después del nacimiento de Nurmi, en 1898, se hundía en las aguas del Dwina el filósofo granadino Ángel Ganivet, adelantado de la generación del 98. Ganivet fue cónsul de Helsinki y dejó, entre su legado literario, unas preciosas Cartas finlandesas prologadas por el sabio español José Ortega y Gasset. En esas cartas Ganivet habla del temple del pueblo finés y describe con agudeza las características y las costumbres de los finlandeses. Llama poderosamente la atención la reflexión que gira sobre el gozne del tiempo. Aporto un ejemplo: “Aquí no quieren trabajo extraordinario ni apresuramientos; gustan de la regularidad, y dan a cada obra su plazo marcado e inflexible. Yo hace ya muchos años que no tengo reloj, y lo suprimí después de tenerlo otra porción de años parado. En España esto sería una dificultad, y fuera de España también he caído en faltas graves por no saber nunca la hora; aquí he resuelto el problema, porque cada ciudadano es un aparato de relojería (las cursivas son mías): la muchacha que enciende las estufas, las ocho; la mujer de la leche, las ocho y media; mi staederska, las nueve; el correo de la mañana, las diez; el almuerzo, las once; el almuerzo, las once; la joven que viene del kontor, las doce; segundo correo, la una; la chica que vuelve de sus clases, las dos; mi vecina, una joven pintora, va a comer, las tres; la doktorinna pasa en bicicleta, las cuatro. De aquí en adelante ya no se distinguen los bultos; hay un intervalo hasta las nueve, en que mi criada viene a hacerme la cama. Porque aquí, dicho sea de paso, las camas son duras como piedras y las hacen cuando se va a dormir”. Después de la descripción de Ángel Ganivet ahora sí entendemos qué hace un hombre con un cronómetro en la mano: calcula con parsimonia y ensayado ritual la música del tiempo: Paavo Nurmi, el Finlandés volador.  


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