Sobre héroes y hazañas

Paavo Nurmi: el Finlandés Volador IV

¿Qué hace un hombre con un cronómetro en la mano? A lo largo de la vida solemos contar el tiempo con relojes asidos a nuestra muñeca. Sí: el tiempo atado a nosotros. Nosotros atados al tiempo. Al cabo que tiene razón Alberti: “el hueso que más duele, amor mío, es el reloj”. Y ese cronómetro le dolía en la década de los veinte al “finlandés volador”, esto es, al insuperable fondista Paavo Nurmi, un deportista que ganó nueve medallas de oro y tres de plata (Amberes 1920, París 1924 y Amsterdam 1928). Nurmi corría cronómetro en mano. Así administraba mejor su tiempo. Así administraba mejor su vida. Porque un hombre con un cronómetro en la mano es alguien que contrasta su hacer con el discurrir, las acciones con la distancia. La variable de la velocidad in situ, pero además un hombre con un cronómetro en la mano es un heraldo de la transitoriedad que la condición humana entraña o implica. Paavo Nurmi nació en Bo (hoy Turku) y su temple se forjó en la estación de ferrocarriles donde corría para cumplimentar los encargos y llevar a buen puerto pesados bultos. Su primer logro fue ganar en su ciudad natal la carrera de los 3000 metros (29 de mayo de 1920). El único corredor no finlandés que lo venció fue el francés Joseph Guillemot. En Estados Unidos se granjeó la admiración del público y de la crítica exigentes. Se granjeó además otros apodos: “El fantasma finlandés” o “La maravilla finlandesa”. La carrera de Nurmi alcanzaría su punto de inflexión más alto en la olimpiada de París. Allí se agenció cinco medallas de oro en sólo seis días. Una mayúscula hazaña. Su amigo y técnico Lauri Pikhala le motejó “el corredor matemático”, por la dosificación sensata del tiempo. En París asombró además por haber ganado dos pruebas arduas en apenas un par de horas: los 1500 y los 5000 metros. Nurmi era disciplinado, obediente e implacable al desplazarse en la pista. Pasarían los años y ni siquiera Carl Lewis podría desbancarlo como el máximo atleta del siglo XX. En la olimpiada de Amsterdam (1928) su eterno rival Ville Ritola le superó en la carrera de los 5000 metros. Entonces Nurmi dijo la celebérrima frase: “Estoy comenzando a ponerme viejo”. No obstante la maravilla de Finlandia tendría ánimo, velocidad, corazón y agallas para ganar su novena medalla de oro: la carrera de los 10 000 metros. Luego vino la tragedia. En 1932 tuvo que ver la olimpiada desde las gradas. Dijeron que, por haber recibido dinero por correr, ya no podría participar en una olimpiada: era un profesional. A Paavo Nurmi, un hombre probo, ejemplar, le dolió en el alma. Sintió que truncaban así su magnífica carrera. Su último triunfo fue la carrera de 10 000 metros en Vipuri, el 16 de septiembre de 1934. 


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