Sobre héroes y hazañas

Otreblig y yo

A Otreblig le escriben en twitter y lo felicitan por su sección en De fin de semana en la XEW o por sus participaciones en Ibero 90.9 Radio (Entre paréntesis o Dublineses) o por sus conversaciones acerca del idioma español en el aula, en el café o en la cantina. Al otro, a Gilberto, ya casi nadie lo busca para comentar pasajes/pasadizos de literatura. Sus amigos escritores sienten o piensan que los medios de comunicación masiva lo han fagocitado.A Otreblig, tras la publicación de A la gorda drógala, Sorberé cerebros, Efímero lloré mi fe y Echándonos un palíndromo, le solicitan entrevistas en medios locales, nacionales e, incluso,  internacionales. A Gilberto le gustaba la cerveza y el tequila casi simultáneos (el famoso amarradito). Siempre le han fascinado el futbol, el box, el beisbol, la convivencia familiar, la amistad al borde del heroísmo, la poesía y el vino tinto. Dije le gustaba la cerveza y el tequila concomitantes porque, tras la operación de su mítica hernia umbilical, Gilberto viró hacia el mundo del vodka y sus derivados. También a Gil, tal es su hipocorístico, le gustan las conversaciones de sobremesa y escribir sobre deportes. Y se ufana de haber entrevistado a cuatro de los cinco premios Cervantes mexicanos. A Otreblig le gustan sus obsesiones y sus compulsiones: escribe treinta o setenta o cien frases palindrómicas cada día. Su desquiciante avanzada reversible no parece tener tregua. Su palíndromo preferido es: “A ti cama, mamacita”. A Gilberto, ensayista, poeta, profesor y académico, le gusta viajar en doble vía: a través del vehículo literario y en avión, tren o automóvil: le gusta conocer parajes/paisajes y escuchar gente de disímbolas culturas. A Otreblig, en cambio, le agradan las adivinanzas, los enigmas y los juegos de ingenio. Disfruta los calambures, los acrósticos y los anagramas, y enloquece cuando imagina un palíndromo picante. Su anagrama favorito es Torreón-Retorno.A Gilberto le encantan los mariscos y la música en todas sus vertientes o manifestaciones: el bi-cordio que comprende a un tiempo lo popular y lo clásico. Admira a las mujeres venturosas y entendidas, y sueña con ser un deportista célebre en otra vida. Otreblig delira cuando escucha palíndromos en otras lenguas, muere por inventar una frase aforística que admita lectura a contrapelo y sueña con tatuarse “Efímero lloré mi fe” en el antebrazo. Para dialogar con Gilberto Otreblig escribe al revés. Para dialogar con Otreblig Gilberto intenta borrar, con infinita paciencia, sus 26162 palíndromos. 


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