Sobre héroes y hazañas

Octavio Paz y la poesía

Desasido de cayados metafísicos, centrado en el mundo, Octavio Paz reflexionó en múltiples textos acerca del destino humano. Esta preocupación recorre e ilumina casi todos los pasadizos de su obra ensayística y poética. Solía el autor de El signo y el garabato citar y recitar Carmen LXXXV de Catulo, en otra versión: “Odio y amo. Por qué lo haga me preguntas tal vez./No sé (pero siento cómo se  hace y me torturo)”. Esta era la indagación introspectiva del hombre como un ser de pasiones, como un ser asaeteado por venablos enemigos en el teatro de su espíritu. Y este examen hacia el propio yo encuentra en “Piedra de sol” una errancia fecunda: “Camino por las calles de mí mismo”. La otra cara del hombre se llama otredad. Y es mostrada por el autor de Ladera este en sus exploraciones sobre el discurrir poético (El arco y la lira, Las peras del olmo, Cuadrivio) y en sus poemas. Ningún pasaje más elocuente que éste de Piedra de sol: “Los otros que no son si yo no existo,/los otros que me dan plena existencia”.  También hay una conciencia cósmica. Una nítida convicción de la función del hombre en el universo: respiración analógica y guiño panteísta con avispada aceptación del carácter transitorio, efímero, del hombre en la jaula de orates hermanados -como apodó Gracián al mundo: “Soy hombre: duro poco/y es eterna la noche./Pero miro hacia arriba:/las estrellas escriben./Sin entender comprendo:/también soy escritura/y en este mismo instante/alguien me deletrea”. En “Piedra de sol” atisba los polos opuestos de la condición humana: “(…) las máscaras podridas/que dividen al hombre de los hombres,/al hombre de sí mismo,/se derrumban/por un instante inmenso y vislumbramos/nuestra unidad perdida, el desamparo/que es ser hombres, la gloria que es ser hombres/y compartir el pan, el sol, la muerte,/el olvidado asombro de estar vivos:”En múltiples parcelas de su quehacer creativo el poeta endereza sus dardos críticos contra creencias, ideologías e instituciones que impiden ver la transparente pulsación de la historia humana. ¿Qué le ha faltado al hombre a lo largo de los siglos? En un poema poco ensayado (“Nocturno de San Ildefonso”) Paz ofrece una respuesta: El bien, quisimos el bien: enderezar al mundo:No nos faltó entereza:nos faltó humildad:lo que quisimos no lo quisimos con inocencia.Preceptos y conceptos, soberbia de teólogos.Acorde con las definiciones de Octavio Paz la poesía es acaso la única puerta que posibilita nuestro acceso a la fragua de un mundo distinto, sin duda menos inficionado y, por ello, más habitable y hermoso. 



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