Sobre héroes y hazañas

Nicolás Guillén (10 de julio de 1902) cumple años

En el capítulo “La vuelta a las raíces: el indio, el negro, la tierra” Jean Franco define la ubicación de Nicolás Guillén en el concierto del movimiento afrocubano, que estimuló la investigación sobre el arte de los negros: “El poeta descollante del movimiento afrocubano fue un mulato, Nicolás Guillén, cuyos primeros dos volúmenes de poemas  emplearon temas hispánicos y del folclor africano”.

En un libro clave para explicar el fenómeno de la palabra poética en Cuba, CintioVitier ha realizado una inteligente disección de las etapas creativas de Nicolás Guillén, desde la publicación de Motivos del son  (1930), atravesando SóngoroCosongo (1931) y West Indies Ltd. (1934), hasta detenerse, verdaderamente pasmado, en esa colección de poemas llamada El son entero (1947) donde, dice Vitier, el poeta logra cuajar “frutos redondos y graves”. Guillén se va desciñendo, poco a poco, del ropaje talar de esa poesía primera, anclada en lo que el crítico cubano denomina “…la zona exterior del negrismo entre nosotros”.

Alusión a esa poesía que, a partir de la década de los treinta del siglo pasado, imantó la sensibilidad de la isla para convertirse en una manera habitual de concebir y representar la identidad cubana.

Esa zona exterior estaba caracterizada por la “la estructura musical y el temple anímico del son”, por la presencia de la mujer morena danzante para mostrar sus encantos, como en la “Bailadora de rumba” de Ramón Guirao, por la incansable onomatopeya y, en fin, por un énfasis negrista indisimulado, donde el fenómeno estético prefiere aún la predilección de todo lo que procede del Gran Allá, esto es, del África como referente final y poderoso de la sensibilidad (debo escribir sensualidad) lírica.

Aquí la poesía, en estos libros iniciales de Nicolás Guillén, no es todavía un “arte de relación”, en el sentido que ha explicado Ballagas en la introducción –“Poda y espiga de lo negro”- a su conocido Mapa de la poesía negra americana.

El rasgo distintivo es el ser un arte de relación, poesía negra con referencia blanca, o poesía de blancos referida al negro y a su peculiaridad americana.           

Es evidente que, incluso en Motivos del son, campea la ineludible realidad del ascendente métrico castellano: hay madrigales, canciones y odas, pero el centro temático focal es significado por la exaltación apasionada de lo negro: “Tu vientre sabe más que tu cabeza/ y tanto como tus muslos./ Ésa/ es la fuerte gracia negra/ de tu cuerpo desnudo”. Veremos como en El son entero desaparece, si bien no del todo –recuérdese, por ejemplo, “El negro mar” o “Un son para niños antillanos”- la referencia explícita de la negritud. 

Y es que Guillén había logrado, por gracia de esa alquimia integradora y feraz, una mulatería expresiva tan lúcida como deslumbrante. Había integrado Nicolás Guillén en su poesía, como rasgo genuino, la sensibilidad de lo negro pero como sumergida, como formando un humus propicio en lo blanco para la floración de la palabra poética: uva negra en mano blanca.           

Y recomiendo también el soneto que le dedicó a Juan Marinello, esa pieza subyugante cuyo  verso inaugural es: “El tiempo, Juan, en su fluir callado”: una breve evocación del gran poeta en su cumpleaños.


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