Sobre héroes y hazañas

Sobre Muerte sin fin

Acerca del poema Muerte sin fin de José Gorostiza corren mares de tinta. Las interpretaciones oscilan desde la lectura ultra-católica (Ema Godoy) hasta la convicción de que se trata de un canto místico al catolicismo (Jorge Aguilar Mora en “En los márgenes de Muerte sin fin”). Los extremos, se sabe, se alejan de la ponderación mesurada. Creo, sin embargo, que el comentario de Aguilar Mora está más cerca de la justicia.
Y la oscilación también atañe a la multiplicidad de significados. Salvador Elizondo, en “José Gorostiza”, testimonios del FCE, habla de que acaso sea preciso decir que no hay un significado inteligible. Y en el mismo cuaderno Jorge Cuesta afirma que la temática se ramifica: “los amores de la forma y de la materia, o como los amores del cuerpo y del espíritu, o como los amores de la parte sensible y de la parte inteligible de la conciencia” (p. 7). En el umbral de su comentario Cuesta nos ahorra la definición de la estructura formal del poema: “Está compuesta –la poesía Muerte sin fin, decimos nosotros- de dos partes escritas en verso endecasílabo blanco, mezclado con versos de diferentes cantidades, principalmente heptasílabos.
Entre una parte y otra se intercala un comentario en forma de canción en verso menor, y al final de la segunda parte se agrega un segundo comentario en versos octasílabos asonantados. Las dos partes y los dos comentarios tienen el mismo asunto; pero no se podría decir que guardan unidad de acción. Y esto es lo que el autor indica por la separación de las partes y por las formas métricas distintas de los comentarios. Menos se podría decir, por lo mismo, que en la obra hay unidad de género. Es, por lo que toca a su estructura formal, una poesía romántica. Y lo es de la manera más artísticamente deliberada” (p. 6). Diré además que las interpretaciones inciden, incluso, en territorios tan herméticos como el de la cábala: cfr., en Nuevo texto crítico, no. 3 (año II), el ensayo de Mónica Mansour “José Gorostiza y la cábala” o, en la misma línea aunque desde diversa perspectiva, el ensayo de Sergio Fernández (Homenajes, México, SEP (Sep/Setentas), 1972, pp. 177-187) citado por Pedro Ángel Palou (Crítica sin fin, 267-268 pp.).
Inagotable es la crítica acerca de los epígrafes del poema. Es evidente que han sido seleccionados con puntería de arquero medieval. Yo destacaré, en este espacio, el comentario de Maria Aparecida da Silva: “Aunque los epígrafes del poema remiten directamente al tema bíblico de la rebelión adámica, son los versos de William Blake los que asoman, en verdad, en la imagen de la lucha entre la inocencia primordial del alma y su soberbia antagonista, la sabiduría. La dialéctica que se establece en Blake a partir de la oposición perenne de estos dos estados (o estadios) del ser  humano nació, como la dialéctica de Gorostiza, en un contexto de afirmación de lo nuevo y de la libertad” (Crítica sin fin, p. 320). Muerte sin fin es una cantera lírica, como ya dije, inagotable.


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