Sobre héroes y hazañas

Luis Alberto de Cuenca: Libros contra el aburrimiento

De Madrid a Torreón se podría llamar la trayectoria que Libros contra el aburrimiento (Reino de Cordelia, 2011) de Luis Alberto de Cuenca y Prado ha cumplido.Agradecí a mi hija Sofía, quien fungió como heraldo, el libro que el autor de La caja de plata me obsequió con proverbial munificencia.En esta obra Luis Alberto despliega con soltura las alas de su inteligencia y logra cabalmente aquel adagio clásico: “Un hombre inteligente es una fábrica; un erudito es un almacén” (Jaime Balmes). Con ambas cualidades concertadas Cuenca y Prado, mi primo y mi entrañable amigo, traza un amplio mapa de novedades librescas con amenidad, sabiduría, desenvoltura y elocuencia admirables. Se trata de una hercúlea labor llevada a cabo en un arco temporal que comprendió seis años (2004-2010): un hato de reseñas de libros, ensayos y artículos aparecidos en el diario español ABC.La curiosidad de Cuenca es insomne. Lo mismo aborda la edición reciente de Manuscrito encontrado en Zaragoza que explora el vacío experimentado por Goethe tras la muerte de Schiller: “he perdido la mitad del alma”, frase que entronca con aquella aristotélica “La amistad es un alma en dos cuerpos”.Recurro aquí a la voz amistad porque es esa misma acendrada relación la que revela los ángulos inéditos o poco advertidos del lector con el mundo Gutenberg. No en vano llamó Gracián a los libros “amigos manuales” y Luis Alberto, con la reposada conciencia de la finitud, bien lo sabe. Hay en este orbe verbal (“Labré vital: latí verbal”) paradojas de deliciosa estirpe como aquella impar: “Y me enamoré como todos los humanos: fugazmente y para siempre”.Dispuestas con estratégica armonía las piezas que conforman este poderoso Libros contra el aburrimiento por Luis Miguel Suárez, prologuista y editor, brillan en nuestro ánimo como recios penates anti-tedio. Y además funcionan, como el propio Luis Alberto dice en su acercamiento a El medio siglo de Astérix “como alivio y quitapesares frente a la inepcia de nuestros gobernantes”.Enhorabuena caro primo y amigo por ofrecer a los lectores esta catedral escrita tan amorosa como admirable y sabia: Libros contra el aburrimiento abona a favor de la famosa frase de la Patrística cristiana: ¡Es pecado estar triste! 


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