Sobre héroes y hazañas

Justicia divina para Hashimoto

El doctor Hashimoto recuesta su cabeza sobre la almohada. Bajo las plumas de la almohada yace la revista Archivo para la cirugía clínica donde Hashimoto demostró, en tan solo 30 páginas y cinco ilustraciones, la existencia de una enfermedad de la tiroides distinta a las conocidas hasta entonces: struma lymphomatosa. La enfermedad, descrita en un artículo que en inglés se leería como Notes of lymphomatous in the thyroid gland, fue explicada con base en el análisis paciente de cuatro casos de mujeres de mediana edad y que presentaban bocio, definido por el diccionario como “aumento, difuso o nodular, de la glándula tiroidea”. Hashimoto recuerda, en su lecho mortuorio, su viaje a Alemania y su retorno a Japón al estallar la Primera Guerra Mundial. Recuerda, asimismo, cómo dedicó febriles horas a la atención de sus pacientes. Hashimoto solía decir que la medicina es un arte benévolo y, por ello, se deshacía en cuidados hacia los enfermos con devoción y preocupación ingentes. Aquí me detengo.En un hospital de Cleveland, Ohio, en 1931, esto es, 19 años después del hallazgo de Hashimoto Allen Graham demuestra que la enfermedad elucidada por el doctor Harak, tal era el nombre de Hashimoto, no es una fase temprana de la enfermedad de Riedel, sino que, en efecto, se trata de un trastorno con características y síntomas propios. En un hospital de su ciudad natal Harak Hashimoto cierra los ojos por la vez última víctima de una fiebre tifoidea. Era 1934, tenía 52 años y jamás fue recompensado en vida por su increíble aportación al mundo de la medicina.En 1956 N. R. Rose y E. Witebsky experimentaron con conejos y constató que presentaban el síndrome HT. Seis años después, en su carta a los editores que republicaban el revelador artículo de Hashimoto, Debora Doniach incluyó el retrato del Harak tomado en Göttingen en 1912. La mirada limpia otea el horizonte sin reproche alguno por el ninguneo, como decimos en México.En un congreso celebrado en Tokio, en 1984, el hijo de Hashimoto comenta rasgos de personalidad de su padre, el hombre que en un puñado de páginas detalló el HT. Al dedicarse a la medicina el hijo de Harak prolonga una tradición secular de doctores que han ostentado el eufónico apellido. Dice: “la enfermedad que lleva el nombre de mi padre es autoinmune, esto es, las entidades físicas llamadas linfocitos, subconjunto de los leucocitos, cambian de manera misteriosa su función habitual y, en lugar de proteger nuestros órganos se vuelven enemigas y los atacan”. Harak Hashimoto, en una dimensión que no conocemos y que apenas sospechamos, escucha con creciente fervor las palabras de su hijo. Justicia divina para el descubridor de la enfermedad que es causa primera de hipotiroidismo. 


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