Sobre héroes y hazañas

Jules Cotard y sus muertos vivientes

Abatido por la difteria Jules Cotard expira. En su brumosa agonía recuerda al paciente que afirmó estar muerto en vida y que fue analizado con minuciosa mirada por el médico francés. Sí: la enfermedad o delirio nihilista, esto es, el padecimiento de los oximorónicos muertos vivientes lleva el nombre de Jules Cotard. Cotard describe los síntomas del síndrome de la des-realización, casi siempre con sedimento o poso depresivo, en 1880, es decir, sólo nueve años antes de decir adiós al mundo. El síndrome de Cotard se relaciona con enfermedades tales como la asomatoagnosia: creencia en la inexistencia de algún órgano (genitales, estómago, intestinos, ojos, boca, nariz y una larga fila de etcéteras) y con la enfermedad de Koro, afección asiática que consiste en pensar o creer que los genitales disminuyen de tamaño hasta amenazar con desaparecer.El síndrome de los muertos vivientes, de quienes afirman estar muertos en vida o, en la otra orilla, haber conquistado la inmortalidad es una suerte de limbo, una indefinición entre el impulso vital y el flanco tanático o fúnebre. Pacientes que aseveran echar humo por la boca, no comer por estar muertos y que en múltiples casos han emprendido intentos de suicidio, como aquel enfermo que trató de electrocutarse en una bañera y que después juró tener frito el cerebro. Algunas víctimas del síndrome de Cotard tienen la monomanía de visitar los cementerios como si se tratase del orbe de sus congéneres. Qué terrible impresión la experimentada por Jules Cotard cuando su protohistórico paciente ingresó al consultorio para decirle, sin más ni más: “Doctor, estoy muerto”. Qué terrible impresión la sufrida por el Dr. Steven Laureys cuando uno de sus pacientes le dijo “no tengo cerebro, ni nervios, ni tórax, ni estómago ni intestinos”. Otro paciente, aun frente a la evidencia de las imágenes arrojadas por el espejo, dijo rotundo: “No tengo ojos, no tengo boca”. El delirio nihilista, como ya dije, tiene como contraparte, el delirio de quienes se piensan inmortales. Los pacientes sienten que sus órganos han sido robados o sienten que sus partes corpóreas han desaparecido. Otros padecen anosmia, esto es, pérdida completa del olfato. La condición del síndrome de Cotard ha sido relacionada con el universo de los zombis, de las personas que se suponen muertas y que han sido revitalizadas por obra y gracia de la brujería.¿Qué hacer para que los pacientes de la enfermedad de Cotard recobren su fe en el universo de los vivos? La medicina se esmera en encontrar alguna respuesta terapéutica convincente. Cuando Jules Cotard abre los ojos en otra dimensión después del trance agónico revisa su cuerpo con asombro estremecedor y exclama convencido “Doctor, estoy vivo”. 


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