Sobre héroes y hazañas

Juan Manuel Márquez, elogio de un valiente

Hace unos meses escribí un artículo intitulado: “Juan Manuel Márquez, último tren”.  El peleador mexicano enfrentaba a Bradley yo creía que era su última oportunidad. Estaba equivocado. Lo que vimos este sábado fue increíble: un boxeador animado por arrestos y valentía impares. Un  portentoso gladiador de los cuadriláteros que demostró, una vez más, que lo pueden tambalear o tumbar, pero nadie lo puede noquear. Recordemos que Juan Manuel ha sido arrojado al tapiz por Pacquiao varias veces, por Marco Antonio Barrera, por Alvarado y una larga fila de etcéteras, pero nadie ha noqueado a quien perdiera su primera batalla por descalificación cuando sólo contaba con 17 años. Aquí me detengo.
Hijo de un pugilista y hermano de quien fuera campeón el mundo y de quien diera formidables encontronazos con Israel Vázquez (Rafael), Juan Manuel Márquez sostendría una tetralogía mítica con el demonio de Manila: batallas furiosas y reñidas, pequeñas guerras mundiales con desembocadura en la cuarta donde Márquez propinó el golpe más certero y sólido de su vida a un Pacquiao que se derrumbó de manera fulminante y casi mortal. Pensamos que era la cúspide. Pensamos que no podría haber algo parecido, pero el sábado 17 frente a Mike Alvarado Juan Manuel confirmó que es uno de los tres o cuatro boxeadores más grandes de la historia mexicana, junto a Rubén Olivares, Julio César Chávez o Salvador Sánchez.
Yo había escrito lo siguiente:
Si uno observa con detenimiento la pelea entre Juan el Baby Bull Díaz y Juan Manuel  Dinamita Márquez advertirá que la estrategia del boxeador mexicano funcionó gracias a la feliz alianza, cómo no, de la inteligencia y la fuerza física. Durante los primeros episodios Juan Díaz hizo despliegue de velocidad y puntería, apoyándose en un boxeo de repertorio amplio y orillando a Juan Manuel contra las cuerdas. Márquez, sin embargo, al tiempo que aguantaba la candela soltaba contragolpes esporádicos pero certeros. Esa ha sido siempre su mejor arma: retroceder y agredir, fingirse tocado y arremeter con brío y fortaleza. La famosa práctica del cáunter: sorprender cuando eres ofendido.
Juan Manuel Márquez navegó con tranquilidad y fortuna durante los primeros asaltos de su combate contra Mike Alvarado. Iba en caballo de hacienda, pero cuando la pelea se tornó adulta Alvarado ganó confianza y logró impactar recios mandobles a la humanidad del mexicano arrojándolo a la lona. Es verdad: las piernas ya no responden igual. Sin embargo estamos seguros de que Juan Manuel habrá de librar otras épicas refriegas, porque su corazón es indomable. Van estas palabras como elogio a JuanMa Márquez: encomio de un valiente.



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