Sobre héroes y hazañas

Gustavo Ávila y su cañonero II: hazaña universal del hipismo venezolano

El nombre de Gustavo Ávila se inscribe en la primera fila del deporte venezolano junto a Fabiola Ramos, Tony Pérez, Luis Aparicio, Juan Arango, David Concepción o Betulio González. Ávila fue el jinete de Cañonero II, un mítico caballo purasangre con las patas chuecas, desgarbado y vendido en una subasta por sólo mil doscientos dólares. Años después, tras las proezas logradas en carreras de talla internacional, el caballo entrenado por Juan Arias fue vendido en un millón y medio de dólares. Corría el año 1971 y mi hermano Miguel,  entusiasmado, me dijo que teníamos que ver el Derby donde plantaba cara Cañonero II. El caballo competía en el afamado Derby de Kentucky. Arrancó en la posición 18 entre veinte rivales. Juan Arias narra cómo, pasmado, buscaba con sus binóculos a Cañonero II entre los últimos lugares. Un puertorriqueño, traductor y amigo de Arias, le dijo que Cañonero ganaba posiciones por fuera, que lo buscara outside. En efecto, por fuera Cañonero II tuvo un cierre de carrera espectacular, inolvidable: dejó atrás a sus rivales y ganó por 3 cuerpos ¾ de diferencia respecto del segundo lugar. Una inemulable hazaña: sólo el Mine that bird del Derby de Kentucky 2009 hizo algo parecido. Cañonero II, hijo del semental francés Pretendre, había llegado al hipódromo de Churchil Downs bajo de peso, famélico y casi deshidratado. Todavía recuerdo el rostro jubiloso de Gustavo Ávila: con el brazo izquierdo asido al cuello del caballo y con la mano derecha esgrimiendo el fuste con maestría ejemplar. Nadie podía dar crédito a lo visto. El propietario de caballos Cot Campbell había descartado al esmirriado potro con sólo verlo: era un caballo, dijo Campbell, sin garra y tenía la mano derecha chueca. Una gran X anotó Cot en su cuaderno de anotaciones. Por eso cuando lo vio ganar el Derby de Kentucky, en las tribunas del Churchill Downs, aquel primero de mayo, Campbell gritaba furioso: “¡No puede ser, no puede ser!”. Había reconocido a Cañonero II por el torpe movimiento de su mano derecha. La crítica internacional pensó que aquella proeza era única. Las chiripas, dijeron los entendidos, no se repiten. El mismísimo propietario del ejemplar, Pedro Baptista dijo: “Cañonero salió inspirado y Ávila corrió con suerte”. Nadie pensó que Cañonero II habría de ganar ese mismo año la segunda gema de la triple corona: la carrera Preakness Stakes. Esta vez venció en un final dramático cuerpo a cuerpo, cabeza contra cabeza, a un caballo norteamericano que avanzaba ceñido a la valla: el norteamericano por dentro; Cañonero II por fuera. El potro aguijado por Gustavo “Monstruo” Ávila ganó por menos de un cuerpo. Cañonero II fracasó en el intento por conquistar la triple corona en Belmont Stakes: quedó en la cuarta posición. Mas eso ya no importaba: el caballo de la mano derecha chueca cubrió de gloria a Venezuela y fue nombrado el mejor  tresañero del mundo. En Preakness Stakes había impuesto marca de pista. La doble corona de Cañonero II está considerada como el mayor logro internacional en la historia del hipismo venezolano y una de las principales acciones victoriosas del deporte sudamericano. Cañonero II murió en 1981. Gustavo Ávila vive en Caracas y suele recordar con emoción y gratitud impares sus dos victorias en las pruebas clásicas del hipismo norteamericano. Un par de lagrimones ruedan por la mejilla derecha del Monstruo cuando ve por enésima vez al caballo que cambió la órbita del deporte venezolano: el inmortal Cañonero II, el escuálido potro de la torcida mano derecha. Mi hermano Miguel y yo brindamos por Cañonero II los primeros de mayo. 


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