Sobre héroes y hazañas

Fisiología de la piedad

En mayo de 1972, en un domingo de Pentecostés, la multitud aguarda la bendición del Papa Pablo VI. Nadie advierte que de súbito un individuo arremete a martillazos contra una de las creaciones artísticas más hermosas que en el mundo han sido: La Piedad de Miguel Ángel, una de las poquísimas obras firmadas a cincel por el pintor florentino. Laszlo Toth, tal es el nombre del vesánico, asestó quince martillazos (con herramienta de geólogo) a la Virgen de La Piedad desfigurándola penosamente.

El Cristo en brazos de María quedó casi incólume, pero el atentado contra la escultura recorrió el mundo. ¿Qué mortal osa atentar contra la piedad? Aquí me detengo.A lo largo de los siglos numerosos filósofos han definido el sentimiento de piedad desde perspectivas disímbolas.

Desde Aristóteles, pasando por Santo Tomás y Baruch Spinoza, hasta Emmanuel Levinas, entre otros, los pensadores describen un sentimiento gemelar a la compasión y enemigo de la envidia y de la sevicia o crueldad.

Tener piedad, en síntesis, es sufrir por el mal que experimenta el otro, al margen de si ese mal es justo o injusto, sencillamente el corazón se apiada. Tengo para mí que, en contraste con lo que ocurre a los filósofos, quienes han repletado miles de páginas con disquisiciones que apuntan a la definición y el esclarecimiento de la moral anudada en los rodrigones de la compasión y de la piedad, los desvelados científicos permanecen mudos, quietos, indiferentes al fenómeno de la piedad en el corazón de los hombres.

¿Cómo germina la piedad?, ¿cuáles son los mecanismos neurofisiológicos que sobrevienen cuando un hombre experimenta compasión?, ¿en qué núcleo anatomo-fisiológico se despierta o activa el sentimiento piadoso? Las interrogantes se pueden multiplicar sin tregua, pero los resortes de la química de la piedad continúan ignotos, ocultos para los médicos quienes se ocupan, eso sí, de multiplicar la risa, analizar las coordenadas del ímpetu agresivo, describir los sobresaltos de la imaginación erótica, pintar la marfileña estatua del optimismo o trazar la singladura de la tristeza en nuestros ánimos. ¿Y dónde podemos consultar los voluminosos tratados que abordan el tema de la piedad entre nosotros? 


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