Sobre héroes y hazañas

Federico Campbell in memoriam

En el número doble 685-686 de la revista española Ínsula tracé el mapa novelístico del norte de México y, por supuesto, en un pasaje del ensayo hablé de Federico Campbell, el escritor tijuanense recién finado:
“Transpeninsular es el nombre de la mayor empresa novelística de Federico Campbell (1941), un prolífico autor de Tijuana, Baja California, que ha transitado con fortuna los territorios de la narrativa, el ensayo, la crónica, la traducción y el artículo periodístico. Y todo regido por una inteligencia con antenas. En Transpeninsular consigue la difícil alianza de la profusión expresiva y el rigor estilístico y, además, desliza con ventura una propuesta filosófica: la invención de la verdad en ámbitos americanos a través de la metáfora de la caverna platónica y a partir de la visión de pinturas rupestres en la cueva de San Isidro. Los pasos en el desierto de Baja California y de Sonora son también los pasos —a ratos vertiginosos- en busca de la verdad, siempre huidiza”.
 El dos de septiembre del 2011 conocí a Federico Campbell en Pachuca. Me dedicó Pretexta: “Para mi amigo y compañero de viaje Gilberto Prado Galán, por la alegría de encontrarlo en el camino”. Después nos fuimos a cenar. Me sorprendió, durante la conversación, la memoria espongiaria del autor de Transpeninsular: su vasto conocimiento del deporte con el énfasis puesto en el besibol. En la sobremesa hablamos acerca del juego perfecto de Don Larsen, el gris lanzador de los yanquis de Nueva York a quien le bastaron dos horas y seis minutos para forjar años y años de gloria. El único serpentinero en la historia de las ligas mayores en tirar un juego perfecto en una serie mundial. Federico Campbell me preguntó: “Fue contra los Dodgers de Brooklyn, ¿verdad?”. Asentí al tiempo que agregaba: “el último bateador fue el emergente Dale Mitchel”, y Federico me dijo: “y el umpire cantó un dudoso tercer strike”. Y añadió: “el receptor era Yogi Berra”. Entonces recordé que en su conferencia Federico Campbell había dicho algo provocador: “La memoria humana no es algo anquilosado o estático. La memoria humana inventa”. La memoria de Federico no había inventado datos falsos en nuestra conversación sobre beisbol: había recuperado con precisión los detalles para que éstos fungieran como detonador o disparador de un nuevo relato donde Don Larsen no se llamaba así y donde, además, el juego había sido estropeado por un error del primera base, dando al traste de este modo con la magia de la perfección. 
Fue la única y última vez que pude platicar con el gran escritor mexicano. Hace apenas unos días se me adelantó en el camino de todos, como apodó Ramón María del Valle Inclán a la muerte. Descanse en paz Federico Campbell.


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