Sobre héroes y hazañas

Evocación del Carl Yastrzemski

Hay dos frases de Carl Yastrzemski, pelotero que jugó toda su carrera con los Medias Rojas de Boston (23 temporadas), que me gusta citar: “prefiero siempre la conquista de un título en lugar de ganar la triple corona”. La triple corona, como sabemos, en sentido tradicional es la obtención del mejor promedio de bateo y el liderato en jonrones y carreras producidas.
La frase entraña o implica un  gran sentido de participación colectiva, esto es, el jugador se decanta por los logros del equipo y deja de costado los triunfos personales, de naturaleza individual. La otra frase se puede extrapolar a cualquier actividad humana que nos apasiona: “vivo siempre pensando en el beisbol. Cuando duermo sueño con el beisbol.
Al amanecer, cuando despierto, pienso en el beisbol. Todas las tardes las gasto pensando en el juego de pelota. El único tiempo en que no pienso en el beisbol es cuando estoy jugándolo”. Podemos aplicar a nuestros arregostos y monomanías esta misma frase. El único momento en que no pienso en los palíndromos es cuando estoy escribiéndolos, por ejemplo. Yastrzemski fue electo el jugador más valioso de la liga en 1967, justo el año en que conquistó la triple corona con un porcentaje de bateo de .326, 121 carreras impulsadas y 44 vuelacercas.
Participó, por supuesto, en aquella mítica serie mundial de 1975, cuando surgió la gran maquinaria roja que se coronó tras vencer a Boston en siete juegos con Tany Pérez, Joe Morgan, Johnny Bench, Gerónimo y el polémico y enorme Pete Rose como héroe de la serie con un porcentaje de bateo fenomenal (.370). Pero vuelvo a evocar al elegante Yastrzemski, primera base y jardinero de apellido casi impronunciable. A  Yaz (así apocopan su apellido) le tocó llenar los zapatos en el jardín izquierdo de una de las legendarias figuras de los Medias Rojas de Boston: nadie menos que el inmenso Ted Williams, el mítico jugador que bateo .406 en 1941.
Arriesgándose a perder su promedio Ted decidió participar en el último juego de la temporada y conectó seis imparables en ocho turnos al bat. Yastrzemski remó a contracorriente para sustituir al autor de La ciencia del bateo y en su tercera temporada fue llamado para participar por primera vez en el juego de las estrellas y ganó el campeonato de bateo con .321. Había nacido una estrella. Su temporada consagratoria fue, como dijimos, la de 1967. Fue triple corona y jugador más valioso de la liga americana. Por si fuera poco la revista Sports Illustrated lo nombró deportista del año. Ese año los Cardenales de San Luis ganaron la serie mundial a Boston en siete juegos (el último lo perdió Medias Rojas en el Fenway Park). Aquí cobra sentido la frase inicial: “prefiero siempre la conquista de un título en lugar de ganar la triple corona”.


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