Sobre héroes y hazañas

Eduardo Galeano in memoriam

Conocí a Eduardo Galeano la noche de junio de 1994, en la ceremonia de entrega del Premio Hispanoamericano de Ensayo Literario “Lya Kostakowsky 1993”. Galeano, junto a Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, conformó un invencible jurado que ahora, por desgracia, se ha desvanecido en las sombras, imposibilitado para prolongar su magnífica literatura. La generosidad de Galeano no conoció reposo ni tregua, Esa munificencia corría pareja con su vena humorística, irónica, acicular y profunda.

El autor de El fútbol a sol y sombra (Siglo XXI editores) desplegaba con espontaneidad las alas de una conversación tan entrañable como ingeniosa. Tras la entrega del Premio nos fuimos a cenar a la cantina La guadalupana, en el corazón de la Ciudad de México.

Citaré, entre muchísimas, sólo dos chispeantes anécdotas. Galeano dijo que los parroquianos acudían a l baño con cara de penitentes. Y luego añadió: “Mirá: salen del baño con cara de celebrantes.

Así discurre la vida: de la penitencia a la celebración”. En otro pasaje de su encendida charla, refiriéndose a la propia calvicie, dijo: “el peluquero me humilla cobrándome la mitad”. Sostuve una breve relación epistolar con Eduardo Galeano. Conservo algunas cartas poseedoras de gran belleza conceptual y de picardía sentenciosa. En cada una de las misivas brilla la rúbrica de su cerdito feliz como sello distintivo.

Eduardo Galeano exploró varias parcelas del saber con su aguda y perspicaz inteligencia. En el libro dedicado a los gladiadores de las canchas futboleras Galeano recoge y ofrece una extensa ringla de anécdotas potenciada  por la luminosidad de su prosa.

En el último minuto de la partida vital Eduardo Galeano anota su gol postrero y definitivo. En las gradas sus numerosos lectores sonríen poseídos por el dios de la gratitud. Gracias a ese tanto la penitencia de la vida se ha trocado, para Eduardo Hughes Galeano, en una celebración insomne y perenne. 


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