Sobre héroes y hazañas

Cuaderno de vacaciones (segunda y última parte)

Leticia Santos Campa

in memoriam


Es natural: de la lectura de Cuaderno de vacaciones de mi primo y hermano a un tiempo Luis Alberto de Cuenca me retuvo el poema “Melancolía”. Y de ese poema llamó mi atención, como estela de luz inmarcesible, la palabra murria. ¿Por qué? Por la difícil circunstancia que atravieso tras la muerte de mi adorada Leticia. Murria, avisa el diccionario, es “especie de tristeza y cargazón de cabeza que hace andar cabizbajo y melancólico a quien la padece”.

Hubiera querido yo comentar de otro modo el libro del enorme poeta que es Luis Alberto, pero ese poema me ha dejado mudo.

Espigo y encuentro unos versos que me duelen como rejón en el alma: “y si el día es tan gris como un fantasma/brumoso, siéntelo como si fuese/de tu familia y adivina en él/los ojos grises de tu amada muerta”. Y me acuerdo que Vicente Quirarte, otro poeta como la copa de un pino, suele decir con San Agustín “es pecado estar triste”.

Por ello Luis Alberto abunda sentencioso y certero: “Cualquier cosa está bien con tal que no/te conviertas en siervo de la murria”. Yo le juré a Leticia librar la batalla  de la vida (ya sin ella) hasta el final con ánimo imbatible. Y así será: mi corazón está dolido, muy dolido, pero es imbatible. Descanse en paz mi adorada Leticia. Como dijo el poeta: “Me sobra la mitad del lecho/me falta la mitad del alma”. 


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