Sobre héroes y hazañas

Crónica del pentacampeonato

Viajé a Torreón para ver al Santos en el Territorio Santos Modelo, primero, y para ver en la tele la culminación de la final, la más disparatada de cuantas en la historia de las liguillas han sido, pero no le menos emocionante.

En una de las zonas menos atendidas de El Criticón, una novela erizada de referencias, guiños y complicidades a la cultura universal dice Gracián que “hay que echar clavo a la rueda de la fortuna”. Y yo, al ver que no me había tocado en suerte número capicúa (tenía el V 86), pedí a mi cuñado Roberto Santos (el apellido ha fortalecido la mar su afición por el equipo) que me diera el suyo, esto es, el V88. De ese modo le habría de poner clavo a la rueda de la fortuna para que sus ires y venires no fuesen tan ardillescos, como dijo el poeta. 

Mi amigo José Ramón Valdés Flores había comentado que la liguilla se ciñe al patrón bíblico, y los últimos pueden ser los primeros, como con frecuencia ocurre. Y la numerología del ingeniero Héctor Matuk bordeó el territorio del asombro. Me dijo. Fíjate cómo el 8 aparece, velado, en todos los goles menos en el tercero.

El primero fue al minuto cuatro que, multiplicado por dos, arroja esa cifra. El segundo cayó en el 26 que, sumado, arroja el número mágico.

El cuarto ocurrió en el 62 cuya suma da también 8 y el último en el ochenta. La explicación me pareció plausible. El 88 de mi asiento, número capicúa, entrañaba una misteriosa cábala. Por eso guardo orgulloso en mi faltriquera el talón del boleto que funge como evidencia de la alta magia.

Así es el futbol de caprichoso: Santos ganó de visita al Querétaro y con un director técnico extranjero que había dicho profético en el programa Somos Santos tras los descalabros iniciales del equipo en el torneo: “Lo único que significan estos reveses es que seremos campeones, pero no invictos”. 

El contagio de la gracia de un fervor desbordante tiene a la comarca lagunera en celebración tan merecida como frenética. Una alegría mayúscula para mi tan entrañable como desentrañada tierra querida. Y el sufrimiento del juego de la vuelta bien vale una misa en el Territorio Santos Modelo. Y le puse clavo a la rueda de la fortuna. 


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