Sobre héroes y hazañas

Corominas y el verbo chingar

Octavio Paz y Carlos Fuentes abordaron de diverso modo uno de los verbos más polisémicos del idioma español: chingar. El primero le dedicó fervorosas páginas en El laberinto de la soledad. El segundo puso en marcha el verbo en La muerte de Artemio Cruz.

Artemio Cruz, por cierto, es un nombre que dispone de manera consecutiva las cinco vocales en el orden canónico: a-e-i-o (Artemio) y u (Cruz), pero vuelvo al infinitivo polivalente que nos ocupa.

En su poderoso y sabio Diccionario crítico etimológico del idioma español (Gredos) el erudito Joan Corominas le dedica página y media al verbo más encendido del idioma y dice que se trata de una voz jergal que significa "pelear, fastidiar, reprender", añade que es de origen índico, esto es, que procede de las Indias orientales y añade, asimismo, que "chingarse" es "llevarse un chasco".

Dice que algunos etimólogos o etimologistas aseguran que chingar proviene del náhuatl tzinco (desnudo), pero aduce que otros analistas del vivaz voquible consideran que tzinco es un sufijo y que, por lo tanto, no es posible inferir la raíz mejicana (así escribe Corominas el gentilicio) del verbo. Entre los múltiples significados que Corminas atisba enlistaré sólo unos cuantos.

Chingar también es " corto de vestido o en cueros". Y además puede significar "estar perdido": "Ahora sí ya me chingué" fueron las últimas palabras del boxeador venezolano (invicto) Edwin Valero, el suicida merideño o emeritense si se prefiere el gentilicio culto.

Valero nació en Mérida, Venezuela. Sí, sí, sí, en la misma ciudad que vio nacer a Mariano Picón Salas, el autor de Viaje al amanecer. Vuelvo al verbo enjundioso. Joan Corominas escribe a la letra: "Chingana: taberna de gente baja, especie de burdel". Y en otra zona de su reflexión afirma que la raíz ching se mezcló en América con "algunos radicales aborígenes".

Y luego señala las connotaciones del verbo como "emborrachar o fornicar".

Pero no aporta ejemplos que, seguro, ya colonizaron la mente de mi lector. En otro pasaje señala las acepciones de esta palabra como "agujerar" o como el palindrómico "rajar".

Nosotros sabemos que la franja semántica del caleidoscópico vocablo comprende del chingaqueditos al superlativo mexicano chingonométrico. ¡Ah chingá!


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