Sobre héroes y hazañas

Bogotá: entre la desmemoria y el regüeldo

Mi experiencia por las calles bogotanas estuvo erizada de asombros; erizada de pasmos de la cotidianeidad con el énfasis puesto en esos plácidos y animados recorridos a pie por arterias de la capital colombiana. En uno de estos periplos descubrí la estatua del poeta Julio Flórez, erigida a  90 años de su nacimiento. El autor del busto fue Luis Pinto. La eminencia mineral se levanta en el parque José Antonio Sucre (Calle 60, Carrera Séptima). Flórez nació en Chiquinquirá (Boyacá) y murió en Usiacurí (Atlántico). Entonces recordé: “Soy un extraño ante mis propios ojos,/un nuevo soñador, un peregrino/que ayer pisaba flores y hoy…abrojos”. Versos no exentos de cierta retranca becqueriana.En la calle 63 (entrecruce con Carrera Octava) se yergue la estatua dedicada al prócer José María Carbonell, el político bogotano quien antes de ser ahorcado dijo al verdugo: “Yo te perdono de corazón, que tú no tienes la culpa”. Un poco más arriba encontré un tercer busto a la memoria de Manuel Roergaz Serviez, héroe francés de la independencia colombiana (Calle 61, Carrera Cuarta) en el chapinero alto. Llama poderosamente la atención en la capital de Colombia que las calles y sus perpendiculares no honran la memoria de  políticos, héroes o próceres. Son simple y llanamente números, calles y carreras, como ya he escrito. En contraste con esta situación tristísima que abona a favor de la desmemoria descubrí los antedichos monumentos que, por cierto, padecen un deterioro y una incuria lamentabilísimos. Quiero suponer que el Presidente Juan Manuel Santos, atareado en atender al príncipe Carlos (ruana, uchuvas y sombrero vueltiao incluídos) y a la distinguida esposa del visitante ínclito no tiene tiempo ni voluntad de hermosear los pocos bustos que en Santa Fe de Bogotá han sido. Eso sí: la comida del restaurante Andrés, carne de res, cuyo dueño es el carismático Andrés Jaramillo, no tiene desperdicio: puchero, ajiaco, arepa y un largo etcétera de tentaciones del paladar, como dijo el poeta. Remato como dato curioso que el restaurante que plantó cara para competir con el de Andrés se llamaba, ¡ah los torcedores de la imaginación enfebrecida!: Hortensia, la competencia. Y quebró estrepitosamente a los pocos días de haber sido inaugurado. Allá, en Bogotá, “con pocos pero doctos libros juntos”, inventé un palíndromo surgido gracias al recuerdo del victimado candidato a la presidencia del país Luis Carlos Galán. Aquí la sonrisa es irónica, nunca celebrante: “Sonreí: Bogotá mató gobiernos”. 



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