Sobre héroes y hazañas

Asómate a mi cristal: puertas luminosas hacia Amado Nervo

Durante muchos años ha persistido la luz de la lámpara de la poesía de Amado Nervo en mi vida. Ha persistido a pesar de que no vuelvo a su obra con frecuencia y a pesar, incluso, de los torcedores que impone el tráfago de la vida contemporánea, en donde la poesía de Nervo, salvo esfuerzos mayúsculos como el que aquí voy a comentar, permanece en ángulos discretos de la conversación o en algunos espíritus entusiastas que la citan y la recitan con renovado fervor. Gracias a Asómate a mi cristal, libro orquestado y escrito por la profesora Mayra Elena Fonseca Ávalos, Amado Nervo vuelve con enorme vigencia e inusitado vigor a nuestra memoria y a nuestra sensibilidad poética. Recordemos que Juan Ramón Jiménez dijo que Nervo fue uno de esos pocos poetas a quienes podemos admirar con inteligencia y corazón concertados.

Asómate a mi cristal es un emocionado recorrido por las estaciones de la vida del escritor nayarita desde sus primeros pasos hasta la franja crepuscular de su vida. La investigadora ha ordenado con mano paciente y sabia los retazos dispersos de aquellas zonas poco frecuentadas de la obra de Nervo, desde su inicial Perlas Negras y místicas hasta sus versos finales, atravesando, por supuesto, por el trance desventurado de no poder despedir a la madre en vida. Pensemos en ese Nervo acongojado por la noticia de la agonía materna y autor de versos inmortales que Mayra Elena cita: “En vano entre la sombra mis brazos, siempre abiertos,/asir quieren su imagen con ilusorio afán./¡Qué noche tan callada, qué limbos tan inciertos!/¡Oh padre de los vivos; a dónde van los muertos,/a dónde van los muertos, Señor, a dónde van”.

El hermoso libro, editado gracias al múltiple empeño de CONACULTA, el Festival Cultural Amado Nervo y el CECAN, recoge testimonios de varios escritores coetáneos de Nervo, palabras críticas de la autora y fragmentos espigados del árbol bibliográfico de uno de los más relevantes poetas del modernismo mexicano. Se prefiere la anécdota que ilumina zonas de la poesía de Nervo o pasajes que ilustran, en incesante espejeo, las tribulaciones y las fortunas de la experiencia vital del autor de La hermana agua: su entrada al seminario, los primeros amores, la vida en París y, sobre todo, la enfebrecida y furtiva defensa del amor hacia Ana Cecilia Daillez. La resonancia afectiva entre Mayra Elena y los versos de Nervo es evidente, incluso en la elección de poemas que gozan ya de un prestigio incontestable. Poemas que han burlado y seguirán burlando la erosión de los años: “Todo en ella encantaba, todo en ella atraía:/su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar”.

Mis parabienes a Mayra Elena Fonseca Ávalos por resucitar en nosotros la inmarcesible luz de un gran poeta.

gilbertoprado@hotmail.com