Sobre héroes y hazañas

Aire trae arteria

Durante milenios el movimiento de la sangre de los seres humanos a través del sistema vascular fue ignorado. La sangre discurre en forma circular (Harvey), doble, completa y cerrada. El anatomista áulico William Harvey, protegido por el rey Carlos I de sino infausto, explicó en un asombroso librito Motu cordis (Ejercicios anatómicos sobre el movimiento del corazón y de la sangre en los animales) la doble circulación: del corazón a los pulmones y viceversa (menor) y del corazón al resto del cuerpo (mayor o sistémica). Para lograr su propósito cardinal Harvey, quien padeció los rigores de la enfermedad de los reyes, esto es, de la gota, se decantó por examinar el pasmo sanguíneo en animales de sangre fría y, por ende, de pulsaciones cardiacas lentas: peces, anfibios y reptiles. El adelantado respecto de la descripción intuitiva (los musulmanes prohibían las vivisecciones) de la circulación menor (corazón-pulmones/pulmones-corazón) fue Ibn al-Nafis, un anatomista del siglo XIII: “El paso de la sangre hacia el ventrículo izquierdo se hace por los pulmones después de que esta sangre ha sido calentada y trasladada desde el ventrículo derecho”. Después de Ibn al-Nafis y antes de la aparición de la esbelta y genial obrita de Harvey, en un libro de teología, Miguel Servet también elucidó el circuito menor de la sangre. Resulta perturbador saber que el primer y el último latidos nuestros habrán de ocurrir en la aurícula derecha (primum vivens y ultimum moriens). Esto quiere decir que sabemos el sitio exacto de las contracciones primera y última. Cuando el corazón se relaja las arterias urden una retracción y, en la otra orilla, cuando el corazón se contrae las arterias se dilatan. La arteria pulmonar (vena arteriosa en la terminología de Harvey) es la única arteria que lleva sangre impura, no oxigenada. La vena pulmonar (arteria venosa en la terminología de Harvey) es la única vena que conduce sangre oxigenada o pura. Se le llama arteria (a la pulmonar) por el lugar de origen (el corazón). Harvey se preguntaba: “¿Si la arteria venosa ha sido creada para conducir aire, ¿por qué razón posee la estructura de una vena?”. Y tenía razón: las arterias no trasladan aire sino oxígeno en la sangre. En el maravilloso compendio de una sabiduría empírica avalada por numerosas vivisecciones destaca un pasaje donde Harvey, de enorme parecido físico con Shakespeare, define al corazón como “el más importante de todos los órganos de los animales, el sol de su microcosmos”. Concedo, pero distingo: en los animales los demás órganos son satelitales respecto del corazón, pero no en el ser humano donde el cerebro es emperador de la vida. 


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