UNO HASTA EL FONDO

Rudas redes rumian rumores

Gil quisiera saquear un libro clásico, entrar al interior de un texto y despojarlo de grandes frases, pero sabe que moralmente sería inadmisible. Por lo mismo, inicia este artículo del nuevo año compartiendo un apotegma modesto: qué horrible regresar al trabajo.

Gilga se arrastraba por el amplísimo estudio en busca de la orilla final del puente Guadalupe-Reyes. La primera noticia funesta del año 2017 ocurrió en diciembre del 16. Como se esperaba, al fin ocurrió la fiesta de 15 años de Rubí que le organizaron su padre Crecencio Ibarra y su madre de ella, doña Ana Elda García, a través de las redes sociales. Su periódico MILENIO reportó que 20 mil invitados asistieron a la fiesta de Rubí.

Por si alguien dudaba aún de que una parte importante de las redes sociales sirve de refugio a los estúpidos, la fiesta de Rubí se ha convertido en una prueba incontrovertible. A la comunidad de La Joya, San Luis Potosí, llegaron algunos españoles, alemanes, estadunidenses y muchos mexicanos. Rubí lució un vestido con holanes en tonalidades rosa y rojo con un corsé bordado en pedrería. La multitud se dirigió a un terreno de Laguna Seca para presenciar la carrera de caballos. No faltó el auténtico toque mexicano: un hombre y una mujer fueron arrollados por los equinos (así se dice), el hombre murió, la mujer quedó herida. No más carreras de caballos. Todos a comer.

A la fiesta asistieron finísimas personas: el gobernador de San Luis, Juan Manuel Carreras López; Juanito, ex delegado de Iztapalapa, preclaro político de altura; el presidente municipal de San Blas, acosador de mujeres y ladrón de poquitos, Hilario Ramírez Villanueva, Layín, quien le regaló a Rubí un coche Spark Chevrolet rojo para que, según él, la joven asista a la escuela. No somos nada; o sí, somos idiotas.

En La Joya no hay internet ni red telefónica y en San Luis Potosí la gasolina escaseaba, a los invitados solo se les permitía comprar 300 pesos del vital combustible. ¿No es una noticia funesta que 20 mil personas asistan a una fiesta de 15 años en un pueblito de San Luis Potosí? Ustedes dirán.

Demolición

De nuevo las redes. En un video de 2015, el presidente Peña afirmaba que gracias a la reforma energética no habría más gasolinazos. El video subió y bajó a velocidad de vértigo viralizándose (así se dice), sencillamente demoledor. Los directivos de Pemex sostuvieron con impresionante necedad que no había desabasto, pero no pudieron explicar por qué faltaba la gasolina en distintos estados de la República. La política de comunicación social de Pemex fue sencilla y original: no hagan compras de pánico. El aumento de precio trajo de inmediato el comercio clandestino, el mercado negro.

Gil hace memoria y no recuerda descontento social espontáneo, sin causa o llamado partidista, más intenso que los brotes de violencia y malestar que han ocurrido en diversos puntos del país. Y vinieron los motines. En los estados de México, Veracruz y Tabaco, la turbamulta saqueó tiendas a lo bestia. Las personas cargaban con refrigeradores, sí, refrigeradores, televisiones y víveres. En las redes sociales, otra vez, los rumores de ataques en masa a las tiendas provocaron pánico. Mensajes delirantes de que la revolución había estallado iban y venían en las redes. La tontería no conoce fin, algunas tiendas del sur de Ciudad de México cerraron sus establecimientos para evitar saqueos.

Quiebra

No solo en las redes parece crecer un acuerdo acerca de que el año que sube el telón amenaza a los mexicanos como ningún otro en los últimos tiempos: la economía va mal, la inseguridad aumenta, el gobierno da tumbos, en la Casa Blanca se instalará un totalitario demente, en fon.

Ahora mal sin bien: todo presente oscuro parece el más negro de la historia, pero Gamés recuerda el siniestro año de 1994: la rebelión zapatista, los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu, el pleito a muerte en la cúpula del poder salinista. De hecho, el 94 duro dos años, pues en 1995 ocurrió la peor crisis financiera del México moderno, las personas perdieron sus coches, sus casas, las tarjetas de crédito estallaron en intereses impagables. La quiebra moral no fue menor.

Así las casas, empieza el año con un vaticinio oscuro, cierto, pero no adelantemos en vísperas. Cierto que el bollo no está para hornos, o como se diga. Volvamos a las redes: cuidado con ellas, las dominan los idiotas y los malintencionados.

André Maurois en el amplísimo estudio: Sería necesario imponer esta regla: no repetir jamás una afirmación malévola sin verificar su contenido. Aunque es cierto que así nunca se hablaría de nada.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com