UNO HASTA EL FONDO

Las trampas del pasado

Luis González de Alba había muerto quitándose la vida con un certero tiro en el pecho. El 2 de octubre cumplía el aniversario 48. Un grupo de activistas participaba en una marcha en recuerdo del día en que decenas de jóvenes mexicanos murieron a tiros disparados por el Ejército y uno de sus grupos paramilitares, el Batallón Olimpia, en la Plaza de las Tres Culturas. Era el fin violento, criminal y represivo del movimiento estudiantil de 1968.

González de Alba escribió Los días y los años, clásico incontrovertible de aquel año. La prensa, la radio y la televisión dieron la noticia, la fronda tuitera floreció, solo un medio de comunicación guardó silencio, solo un periódico borró de su historia diaria puesta en tinta (poetry) la noticia de la muerte de uno de los líderes del 68 que pasó tres años y medio en la cárcel, sufrió exilio y no dejó de militar a favor del movimiento gay. Ladies and gentlemen, con ustedes, el periódico La Jornada. Muy bonito, preciosa su “Rayuela”, ese editorial en unas cuantas palabras que se publica en la contra del diario decía así: “Triste 2 de octubre para Colombia, para América Latina, para la civilización. Prefirieron la guerra a la paz”.

Añade Gilga: triste 2 de octubre en el cual el diario fundado por la generación del 68 es incapaz de dar la noticia de la muerte de uno de los líderes del movimiento por el hecho imperdonable de que fue crítico de sus posturas editoriales. Corrijan a Gil: ¿Fundó González de Alba ese diario? ¿Escribió en sus páginas durante años? Tal vez hablamos de otro González de Alba. La Jornada lo mató desde hace años, cuando ese escritor se atrevió a disentir. Ah, Carmen, ¿ese es el periodismo que ejerce su periódico? Qué vergüenza y qué barbaridad. ¿De verdad se siente usted orgullosa? Caracho. No somos nada; o mejor, somos mezquinos, sectarios, fanáticos. Gilga imagina la mesa de redacción de las 8 de la noche. Señora: murió González de Alba. Y la señora responde: ni una línea para ese miserable que además critica a Elenita. Next.

Félix Hérnández Gamundi

Mientras tanto, en Ciudad Gótica un grupo numeroso (los grupos que se respeten deben ser numerosos) de manifestantes marchó el 2 de octubre y acusó al gobierno federal de atropellar los derechos humanos del pueblo en casos como la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Según la nota de Arcelia Maya y César Martínez de su periódico Reforma, Félix Hérnández Gamundi exigió: “Seguimos reclamando a 48 años, la acción de la justicia para el caso del 2 de octubre, el 10 de junio, de la llamada guerra sucia, de los crímenes de Acteal, Aguas Blancas, El Charco, Tanhuato y Nochixtlán”.

Bien hecho, don Félix, pero la verdad sea dicha el movimiento (así se dice) debe exigir que se esclarezcan los muertos de la Noche Triste, aquello fue terrible y nunca se aclaró, deje usted los españoles, los indígenas muertos. Y qué le dice a Gil de las víctimas de la Decena Trágica, caracho, aquello fue inhumano. Ahí donde todo se mezcla nada ocurre en realidad, don Félix.

Oigan a este ex líder del 68; sí, un líder del 68, nos guste o no: “Cada vez que reclamamos la acción de la justicia por un atropello, la respuesta que tenemos es un nuevo atropello. Lo que tenemos es un nuevo crimen para que se olvide el anterior”. A Gamés se le pusieron los pelos de punta e imaginó a Echeverría diciendo esto: protestan por el 2 de octubre, hoy que es 10 de junio le vamos a meter bala a los chavos, así se olvida todo. Gil cree, por lo demás, que Echeverría es infame, por cierto. Ay, mis hijos banales y elementales (ales-ales).

La asistencia

La marcha en memoria del 68 partió de la Plaza de las Tres Culturas, avanzó por Eje Central, entró por 5 de Mayo y llegó al Zócalo. La policía calcula que la columna estaba formada por unas 7 mil personas. Acudieron líderes del Comité 68, padres de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, estudiantes, activistas, sindicalistas, normalistas, anarquistas, el Frente Popular Francisco Villa y otros gremios. No dejen de desfilar por las calles de la ciudad, se ven ustedes muy bien. Dicho lo cual, Gamés pasa a retirarse a sus habitaciones.

Todo es muy raro, caracho, como decía Ramón Gómez de la Serna: Tenía tan mala memoria que se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com