UNO HASTA EL FONDO

Samuel Beckett

‘Encuentros con Samuel Beckett’ (Siruela, Traducción de Julia Escobar) reúne pláticas hechas más de silencios que de palabras. Las frases del autor de ‘Esperando a Godot’ son en su mayoría lacónicas.

Enero todo lo devoraba y Gil estaba como otras veces triste, solitario y final. Caminó sobre la duela de cedro blanco y recordó el tiempo en que le dedicó un trozo de su vida a la obra de Beckett. Así llegó a este viejo libro: Encuentros con Samuel Beckett (Siruela, 2006, Traducción de Julia Escobar), que reúne las conversaciones que tuvo el escritor Charles Juliet con Beckett en cuatro ocasiones. Son pláticas hechas más de silencios que de palabras. Las frases de Beckett son en su mayoría lacónicas, “en cada palabra empleada ha invertido todas sus energías, su poder de atención y su inventiva”, dice Juliet. (Cuando es el propio Juliet quien se hace eco de las revelaciones de Beckett, los comentarios aparecen entre paréntesis). Aquí vamos:

***

Siempre he tenido la impresión de que dentro de mí había un ser asesinado. Asesinado antes de mi nacimiento. Tenía que encontrar a ese ser asesinado. Intentar devolverle la vida… Un día fui a escuchar una conferencia de Jung… Habló de una de sus pacientes, una chica jovencísima… Al final, mientras la gente se iba marchando, se quedó callado. Y como hablándose a sí mismo, asombrado por el descubrimiento que estaba haciendo, dijo: “En el fondo no había nacido nunca”.

Siempre he tenido la impresión de que yo tampoco he nacido nunca.

***

Había que tirar todos los venenos…, encontrar el lenguaje apropiado… Cuando escribí la primera frase de Molloy no sabía adónde me dirigía. Y cuando terminé la primera parte, ignoraba cómo iba a continuar. Todo ha venido solo. Sin tachar nada. No había preparado nada. No había elaborado nada.

***

Todo ocurría entre la mano y la página.

***

La escritura me ha llevado al silencio. Sin embargo tengo que continuar… Estoy frente a un acantilado y tengo que seguir adelante. Es imposible, verdad. Sin embargo, se puede avanzar. Ganar unos cuantos milímetros…

***

Soy como un topo en una topera.

***

(Considera que su obra tiene cosas flojas. Declara que no le gustan determinados personajes, que le parece “que no funcionan”.)

Hay algunas cosas flojas necesarias, pero otras no me las perdono.

***

(Lamenta que en Colonia, donde han montado Fin de partida, hayan ignorado las indicaciones de la puesta en escena y situado la obra en un asilo de ancianos. Eso lo convierte en algo caricaturesco.)

***

(Menciono el problema de las traducciones y me explica que es él quien tiene que hacerlas. Si deja que se encarguen otros, entonces tiene que revisar el texto palabra por palabra y eso le supone todavía más trabajo y más dificultades.)

***

Los valores morales no son accesibles. Y no se los puede definir. Para definirlos, habría que pronunciar un juicio de valor, cosa que no es posible. Por eso nunca he estado de acuerdo con esa noción del teatro del absurdo. Porque ahí hay un juicio de valor. Ni siquiera se puede hablar de lo verdadero. Es lo que forma parte del infortunio. Paradójicamente, el artista puede encontrar una especie de salida gracias a la forma. Dando forma a lo informe. Probablemente sólo en este sentido podría haber una afirmación subyacente.

***

Hasta [1946] había creído que podía confiar en el conocimiento. Que debía equiparme en el plano intelectual. Aquel día todo se desmoronó. Escribí Molloy y lo que sigue el día en que comprendí mi estupidez. Entonces me puse a escribir las cosas que siento.

***

Entreví el mundo que debía crear para poder respirar.

***

Sí, hasta 1946 intenté saber para estar en condiciones de poder. Pero luego me di cuenta de que me equivocaba de camino. Posiblemente no haya sino caminos equivocados. Sin embargo hay que encontrar el camino equivocado que te conviene.

***

No tiene ninguna importancia no publicar. Hacemos esto para poder respirar.

***

Siempre tengo algo entre manos. Puede ser largo, pero se va reduciendo cada vez más.

***

(Volvemos a su obra. Reconoce que ha ido alejándose cada vez más de sus textos.)

Al final, ya no se sabe quién habla. Hay una desaparición absoluta del sujeto. A eso es a lo que conduce la crisis de identidad.

***

Cuando uno se escucha, lo que se oye no es literatura.

***

Hay que quedarse ahí, donde no haya ni pronombre, ni solución, ni reacción, ni una posible postura que adoptar… Eso es lo que hace que el trabajo sea endiabladamente difícil.

***

(¿Han conocido sus parientes más cercanos lo que ha escrito? No. Ni su padre, que murió en 1933, ni su madre, que murió en 1950, ni tampoco su hermano, muerto en 1954 —y que además no aprobaba su decisión de escribir— leyeron una sola página suya.)

***

Siempre he deseado tener una vejez tensa, activa… El ser que no deja de arder mientras el cuerpo huye… He pensado muchas veces en Yeats… Escribió sus mejores poemas después de los sesenta…

***

Sí, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras el mesero se acerca con la charola que sostiene el Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular la frase de Georges Braque por el mantel tan blanco: “El jarrón le da forma al vacío y la música al silencio”.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com