UNO HASTA EL FONDO

Ricardo Piglia

“La velocidad, la instantaneidad tienen que ver con el material, con los signos: llegan más rápido, están más cerca. Pero la velocidad de la lectura sigue siendo la misma, con pocas variaciones”.

Había muerto Ricardo Piglia (1941-2017), el escritor argentino. Gil caminó sobre la duela de cedro blanco rumbo a la Mesa de las Novedades y encontró en la parte baja de una torre, como si fueran los cimientos, un libro de la editorial Sexto Piso publicado a finales del año 2015: La forma inicial. Conversación en Princeton, una serie de pláticas en las cuales Piglia habla de la lectura, las letras, el relato, la vanguardia. Gamés ha sido un buen lector de Piglia: leyó Respiración artificial, Plata quemada, Blanco nocturno, El camino de ida y Los diarios de Emilio Renzi. Gil no necesita leer más para saber que Piglia ha sido un gran escritor. Del libro de La forma inicial, Gamés trae un puñado de citas sobre la lectura en nuestros tiempos.

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¿Qué es lo que persiste de las formas de leer y qué es lo que se ha transformado? Yo tiendo a pensar que el modo de leer —desde la perspectiva que a mí me interesaba en el libro El último lector, 2005— no ha variado. Leer ha sido siempre pasar de un signo a otro. Puede haber cruces, cortes y virajes en la linealidad, pero la construcción del sentido, el modo de disfrazar los signos de leer, no ha cambiado. Es una práctica de larguísima duración.

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La lectura no es lineal. El que lee se desvía, está en una red, el tiempo está fragmentado y es múltiple. Uno podría asociar esta posición con el movimiento en la ciudad, donde todo parece suceder al mismo tiempo. Por lo tanto, el lector no funciona como aquel que está aislado, o en cualquier escena de aislamiento que se pueda construir, sino que el lector está conectado a una red y eso la literatura ya lo empezó a mostrar mucho antes de que aparecieran las formas contemporáneas.

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Hoy es habitual que un lector esté leyendo un libro y tenga a la vez prendida la televisión, esté atento a los e-mails, hable por teléfono, escuche música. La percepción distraída.

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La velocidad, la instantaneidad tienen que ver con el material, con los signos: llegan más rápido, están más cerca. Pero la velocidad de la lectura sigue siendo la misma, con pocas variaciones. Depende de la materialidad, del cuerpo, de la mirada, es muy personal, tiene un ritmo subjetivo, como la respiración.

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Hay una lentitud en la lectura, digámoslo así, un tiempo para captar el sentido, difícil de cambiar. Los modos actuales de abreviar y usar letras que concentran palabras, típico en los e-mails y en los mensajes de texto, una suerte de taquigrafía personal, son un intento de acelerar la escritura, pero el lector debe reponer las letras que faltan, de modo que la lectura es siempre más lenta que la circulación de los textos.

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El lenguaje es insustituible, no se puede inventar, todo esperanto es cómico: la comprensión universal e instantánea, no funciona. El lenguaje tiene su propia temporalidad.

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Escribir, en definitiva, sigue siendo poner una palabra detrás de otra, una frase después de otra. El fraseo es la música de la literatura. Lo que cambia me parece es la noción de borrador, de lo que es legible en sentido estricto, la letra personal que a veces sólo quien la escribe la puede leer y de qué modo se puede pasar el borrador en limpio.

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Me parece que con la computadora esa inmediatez se acentuó, se puede corregir mientras se escribe, se puede cortar y pegar. En la pantalla se tiene la impresión de estar escribiendo un texto definitivo, sin errores, porque la página hoy aparece diagramada. Cada vez se imprime menos en papel para leer lo que se escribe. Los textos se escriben en la pantalla y se envían a otra pantalla donde son leídos. Esa es la técnica del blog.

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Ciertamente, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras el camarero se acerca con la bandeja que sostiene la botella de Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular la frase de Joseph Joubert por el mantel tan blanco: Libertad moral es la única libertad verdaderamente importante.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com