UNO HASTA EL FONDO

Tres asuntos inauditos

Gil no da crédito y cobranza. Lo ecos y los secos de la muerte de Fidel Castro alcanzaron alturas inauditas aún días después de que las cenizas del comandante fueron depositadas (ah, la voz pasiva) en el altar de la Revolución cubana. El “intelectual revolucionario, historiador, pedagogo y gran conocedor de Cuba Fernando Martínez Heredia” concedió una entrevista a su periódico La Jornada: “él estuvo enfermo de muerte y sin que nadie lo quisiera o se lo pidiera decidió renunciar a sus cargos, con lo cual mostró otro elemento, no pequeño, de su grandeza”.

Gil se dio una machincuepa y luego se arrastró sobre la duela de cedro blanco: ¿grandeza? Está usted en lo cierto, señor Martínez Heredia, Fidel era inconmensurable, colosal: 47 años en el poder así lo demuestran. Sí, 47 años sin elecciones libres ni partidos políticos ni oposición, ¿no es algo superlativo?

A este “intelectual revolucionario” le llaman en Cuba maestro de las juventudes: “Los jóvenes tienen una enorme formación revolucionaria y general. Aquí hubo una enorme revolución educacional como en ningún lugar del mundo en un plazo de 20 años. Hoy existen como un millón de egresados universitarios, cosa casi absurda, y un montón de técnicos y científicos”.

Gloria Muñoz Ramírez, la entrevistadora revolucionaria no le preguntó al maestro en qué trabajan todos esos egresados. ¿Saben ustedes en qué trabajan? En nada que tenga que ver con sus estudios. Gloria tampoco le preguntó al maestro cuánto ganan esos jóvenes por los trabajos que realizan. ¿Saben ustedes cuánto ganan esos jóvenes? Nada, o prácticamente nada. “La revolución contra el capitalismo tiene que ser mundial, porque si no lo es seguirá siendo muy poderoso teniendo el control del mercado global y de gran parte de la mente y de los sentimientos de las personas”.

La mente y los sentimientos de Gilga le pertenecen al capitalismo global, eso que ni qué y lo que sea de cada quien. Y si se trata de consumir las sucias mercancías del capitalismo, Gamés pide anticutimano. ¿No es inaudito este profesor de los jóvenes?

La guerra de los 10 años

A Gil se le ponen los pelos de punta. La Revista R. Forma y Fondo de su periódico Reforma recuerda en su más reciente edición algo inaudito: los 10 años de la guerra contra el narco le han costado a México más de 174 mil muertos, 29 mil desaparecidos y 1.8 billones de pesos. Caracho: probablemente no haya una locura violenta de ese tamaño en solo 10 años en la historia de México.

El ex presidente Calderón había ganado la elección por .56%, Liópez y sus huestes intentaron impedir la sucesión presidencial, la toma de poder ocurrió en un Congreso tomado por el perredismo, Liópez partió en dos a Ciudad de México. En el Auditorio Nacional, el primer discurso fue un grito de guerra. Gil lee en la Revista R: “Sé que restablecer la seguridad no será fácil ni rápido, que tomará tiempo, que costará mucho dinero e incluso, por desgracia, vidas humanas. Pero ténganlo por seguro: esta es una batalla en la que yo estaré al frente. Es una batalla que tenemos que librar y que unidos lo mexicanos vamos a ganar a la delincuencia”.

El ex presidente Calderón solo se equivocó en algo: los mexicanos no le ganaron la batalla a la delincuencia; más bien al revés. México fue al baile de la violencia y los resultados son inauditos. La balacera de 10 años marcó para siempre al país. Los caminos de la droga se diversificaron y los capos se multiplicaron. En Estados Unidos la legalización de la mariguana es imparable, en México lo único imparable fueron los muertos. ¿Sí o no es algo inaudito?

¿Quién entiende?

El general secretario Cienfuegos declaró con claridad que el Ejército no tenía por qué realizar los trabajos que tocan a otras fuerzas de seguridad, que el Ejército no tenía por qué combatir a la delincuencia. Y como si no hubiera dicho lo que dijo, el presidente Peña reconoció el trabajo de las fuerzas armadas en materia de seguridad pública, aunque es una tarea que no  nos corresponde y agregó que seguirán en las calles hasta que se profesionalicen y fortalezcan los cuerpos policiacos. El Presidente coincide con el secretario de la Defensa, “porque han asumido efectivamente una tarea que nos les corresponde, pero esa que han asumido ha permitido que hoy tengamos la modernización en la que hemos venido trabajando y tengamos ciudades y regiones del país que han regresado a la paz”.

Gilga no entiende ni jota. El diálogo entre el Presidente y el general secretario es muy raro: queremos volver a los cuarteles, no queremos seguir en las calles, dice uno; el otro contesta: coincido, seguirán en las calles. Un diálogo inaudito.

Cicerón: No hay nada tan increíble que la oratoria no pueda volverlo aceptable.

Gil s’en va”

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