UNO HASTA EL FONDO

Juan Rulfo, cien años

Y no digamos nada, medita Gil, de los arquitectos que dirigen fundaciones y ven en los centenarios de grandes escritores la oportunidad de aparecer en los periódicos y tener no 15, sino 9 minutos de fama

Gil no da crédito y cobranza. Se cumplen cien años del nacimiento de Juan Rulfo y Víctor Jiménez, director de la Fundación y especie de albacea de la posteridad rulfiana, con la anuencia de la familia del escritor, no cesa de hablar, de dar entrevistas, de opinar, de condenar, de otorgar certificados de legitimidad literaria. Gil lo leyó en su periódico La Jornada, en entrevista de Mónica Mateos-Vega. Un momento: este Jiménez, ¿es un crítico literario?, no; ¿un académico?, no; ¿un hombre de letras?, no; ¿un gran lector?, no, pero reparte bofetadas a diestra y siniestra: “él (Rulfo) será sin duda el único autor mexicano del siglo XX con una dimensión universal, ningún otro. Y eso es algo que hoy en día, el propio medio literario nacional no puede digerir”.

El universo

¿De qué habla el arquitecto? Porque Jiménez es arquitecto, ¿quiénes no podrán digerir que Rulfo sean un clásico de las letras? Diga usted nombres, Jimenitos, para que Gil entienda, o por lo menos para que sepa sobre qué muerto van las coronas. “La familia sabe que Juan Rulfo es alguien cuya figura es muy poderosa, sobre todo para políticos que quieren mejorar su imagen y a quienes sus asesores les aconsejan: ‘sí, es importante que hagas una declaración, que aparezcas portando un listón, que des un discurso’. Hay baños de oportunismo. Eso se quiso mantener a raya”.

Y no digamos nada, medita Gil, de los arquitectos que dirigen fundaciones y ven en los centenarios de grandes escritores la oportunidad de aparecer en los periódicos y tener no 15, sino 9 minutos de fama, como este Jiménez. Caracho, ¿existe de verdad una tendencia de opinión, por pequeña que sea, que le haya regateado a Rulfo su carácter internacional? La palabra universal es muy grande, y por supuesto Rulfo entra en esa enormidad. Sí, señor Jiménez, hay más escritores universales en las letras mexicanas, eso que ni qué, nomás faltaba que Rulfo fuera el único, pero de momento no hagamos la lista larga, como la del súper: dos jitomates bola, tres manzanas starking, dos aguacates bacon (dicho sea esto sin albur), en fon. Por lo visto, el rencor es largo, los reconcomios inabarcables: “en vida de Rulfo no se le perdonó, y parece que sigue sin perdonarle, que su obra tenga la dimensión que tiene”.

Gil no recuerda otro caso así en las letras mexicanas: un arquitecto más bien iletrado viene a vengar los supuestos agravios a la memoria y la obra de Juan Rulfo. Si usted no reconoce que Rulfo es un escritor universal, largo de nuestro centenario, ¡fuera! Para Jiménez, escribe Mónica Mateos-Vega, ni siquiera el premio Nobel de Literatura garantiza que a la postre el autor se convierta en una referencia universal, “lo será Juan Rulfo, lo saben y eso los pone mal”.

Ah, ya salió el peine: no estaremos hablando de Octavio Paz, ¿cierto?, nuestro Premio Nobel. Y no habrá alguna querella con Tomás Segovia, ¿verdad? En la Fundación Juan Rulfo se juega a las escondidillas: un, dos, tres por mí y todos mis compañeros rulfianos. ¿Para admirar a Rulfo hay que deplorar a Octavio Paz? Un hombre pequeño como Jiménez produce ideas pequeñas. Helas!

A patadas

Dice Jiménez: “la obra de Rulfo cuenta con algo simple, con una serie de consensos de generaciones, culturas diversas, que coinciden en valorar su obra. Son esas circunstancias las que permiten prever que una obra va a perdurar, como se puede apreciar en el contraste que existe entre la opinión que hay sobre la obra de Rulfo dentro y fuera de México, ¡es abismal!”.  Ahora resulta que Rulfo ha sido ninguneado en México, lo que nos faltaba. Un grito desgarrador surcó el amplísimo estudio: ay, mis hijos, rencores vivos de ofensas fantasmales.

Entre que son peras o son manzanas, Jiménez le ha puesto al centenario del nacimiento de Rulfo un cascabel de incordio, de conflicto, de litigio que la obra de Rulfo no merece, pero al parecer la familia está de acuerdo. En el centenario de este gran escritor vamos a patear a todo el que no se arrodille ante su obra. Con la pena, pero no se logra así la posteridad universal que tanto preocupa a Jiménez. En fon.

Caracho, todo es muy raro, como diría Groucho Marx: ¿Por qué debería preocuparme la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?

Gil s’en va

gil.games@milenio.com