UNO HASTA EL FONDO

Rancho del Faunito

Gil leyó con los ojos de plato y plata en su periódico El Universal del rancho de Javier Duarte. El Faunito, en el Fortín, Veracruz, tiene 60 mil metros cuadrados y lo han valuado en 200 millones de pesos. Era el lugar en el cual descansaba el Javidú. La lectora y le lector se preguntarán ¿de qué descansaba el Gordo? Robar no es tan fácil como parece, exige cierto rigor, cierto trabajo, la creación de empresas fantasma, el desvío de dinero de las partidas de salud, de educación, de seguridad. Estoy agotado: hoy me embolsé 200 millones de pesos: propongo un descanso en El Faunito.

En los alrededores del rancho hay árboles frutales de naranja, mandarina, mangos, toronja, mameyes, carambolas. No se sabe si el ex gobernador hacía deporte, no lo parece por su aspecto, pero mandó poner dos canchas de tenis y una de futbol. Ordenó la construcción de un jacuzzi, una tirolesa, es decir, cables y asientos para cruzar por los aires El Faunito. Qué lejos estamos del Partenón de Durazo, que en este contexto sería la casa del servicio doméstico de Javidú.

Oigan esto por piedad: la casa principal tiene 15 habitaciones y una cava con 300 vinos nacionales e importados, una capilla y un confesionario. Padre: he pecado. Dime, hijo, ¿has tenido pensamientos lúbricos, tocamientos desesperados? No, padre, pero me hice de un dinero ajeno. ¿De cuánto hablamos, hijo? No sé, padre, de unos 400 millones de pesos. Ay, hijo si no haces una donación a la iglesia, te vas a condenar y arderás en los infiernos oliendo a azufre. En fon.

Faunos y ninfas

A Gil le intriga el nombre de El Faunito, diminutivo de ese ser mitológico que se caracteriza por su lascivia y habita los campos con las ninfas y hace unas fiestas como las que organizaba El Niño Verde en Cancún; oigan, y a todo esto: ¿qué fue del Niño Verde? Gil se arrodilla ante la curiosidad: ¿en esos días felices, Javidú se sentía un faunito? ¿Perseguía ninfetas por el rancho? Si uno imagina la escena puede ser una estampa dantesca: Javidú detrás de una ninfa inalcanzable.

Según la nota de Horacio Jiménez y Édgar Ávila, el gobernador Yunes recuperó El Faunito y obras de Botero, Tamayo y Siqueiros. Además, el gobernador Yunes anunció que recuperó mil 250 millones que Javidú y sus colaboradores habían saqueado de las cuentas públicas. Se aseguró también el rancho Las Mesas, en Valle de Bravo, valuado en 300 millones de pesos. Van a perdonar la insistencia de Gil, pero todo esto se lo robó Duarte ante los ojos impávidos de sus compañeros de partido y, en consecuencia, ante la mirada complaciente del presidente Peña. ¿O el Presidente no sabía? Por cierto, un avión de 75 millones de pesos y un helicóptero de 18 fueron recuperados (ah, una voz pasiva) por el gobierno. Gilga no recuerda un caso así de corrupción y de una huida espectacular en helicóptero.

Ganar-ganar

En un violento ataque de optimismo, el presidente Peña ha dicho “que buscaremos espacios para actualizar y modernizar el Tratado de Libre Comercio con la premisa de ganar-ganar”. Caracho, si Hillary Clinton hubiera ganado la presidencia de Estados Unidos, esta declaración sería más que pertinente, incluso realista, pero resulta que el señor que ganó ha dicho que el TLC es el peor tratado jamás firmado por Estados Unidos y que lo revisará con lupa y que podría, si fuera necesario, darlo por terminado.

Así las casas (muletilla patrocinada  por los colaboradores de Javidú), las declaraciones del Presiente parecen un sueño. Soñé que negociábamos el TLC y que la premisa era ganar-ganar: “Tenemos claros los temas de interés. La política comercial trasciende coyunturas, se trata de una política de Estado que juntos hemos construido, empresarios y gobierno, a lo largo de tres décadas de avanzar en el camino del libre comercio”. Caracho si a Obama le quedaran cuatro años en la presidencia, esta comisión declarativa sería acertadísima, pero diantres, del otro lado hay un energúmeno.

El Presidente siguió en ese sueño y afirmó que el acuerdo debe permitir que los miembros, México, Estados Unidos y Canadá, “tengan ventajas y resulten ganadores de un acuerdo que nos permite elevar la competencia”. En un universo paralelo, estos buenos deseos sonarían casi elocuentes. Dios quiera.

La frase de Julio César resonó en el amplísimo estudio: Los hombres creen gustosamente aquello que se acomoda a sus deseos.

Gil s’en va


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