UNO HASTA EL FONDO

Italo Calvino

La batalla por la literatura consiste precisamente en un esfuerzo por salirse de los límites del lenguaje; se asoma al borde extremo de lo decible.

Gil caminó sobre la duela de cedro blanco del amplísimo estudio y se acercó no a la “Mesa de Novedades” sino a la mesa que ha llamado desde hace tiempo “Más allá del Presente”, libros que aparecieron hace tiempo y que no son una novedad, aunque lo sean por su contenido intemporal. Así encontró en un librero Punto y aparte.Ensayos de literatura y sociedad publicado por Tusquets en el remoto año de 1995. Calvino explicó así esta reunión de textos escritos entre 1955 y 1980: “Es posible que mi objetivo fuera trazar unas líneas generales que sirvieran para mi trabajo y para el de los demás y postular un esquema cultural que sirviera de contexto en el cual ubicar las obras que estaba aún por escribir”. Gil arroja a esta página del directorio un puñado de citas.

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La novela es una planta que no puede crecer en un terreno trillado; tiene que encontrar una tierra virgen para plantar sus raíces. La novela ya no puede pretender informarnos sobre cómo está hecho el mundo; pero puede y debe descubrir la forma, las mil, las cien mil formas en las que se configura nuestra injerencia en el mundo, testimoniando, a medida que se van produciendo, las nuevas situaciones existenciales

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Para un escritor, la situación de crisis es la única que da fruto, que permite el contacto con algo verdadero, que permite escribir justamente aquello que los hombres necesitan leer, aunque no se den cuenta de que lo necesitan.

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Para cubrir la necesidad de contar historias que muestren los casos de nuestra sociedad, que marquen los cambios de las costumbres y expongan los problemas sociales, se bastan y se sobran el cine, el periodismo y el ensayo sicológico [...] sin embargo, muchos escritores persisten en escribir novelas compitiendo con el cine, no consiguiendo más que resultados poéticos ínfimos: los ambientes, los personajes y las situaciones que el cine ha hechos suyos ya no pueden ser asimilados por la literatura: en cuanto se les acerca la mano no queda de ello más que el polvo, como si hubieran sido roídos por las termitas.

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¿Para quién se escribe una novela? ¿Para quién se escribe un poema? Para personas que han leído alguna novela, o algún poema. Un libro se escribe para que pueda ser colocado junto a otros libros, para que entre a formar parte de una estantería hipotética y, al entrar en ella, de alguna manera la modifique, cambie de lugar a otros volúmenes o los haga pasar a segunda fila, reclamando que pasen a primera fila algunos otros.

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La literatura no es la escuela; la literatura debe presuponer un público más culto, más culto incluso que el escritor. Que dicho público exista o no carece de importancia. El escritor le habla a un lector que sabe más que él mismo, fingiendo saber más de lo que sabe para hablarle a alguien que sabe todavía más. La literatura tiene que jugar al alza, apostar al encarecimiento, doblar la apuesta, seguir la lógica de una situación que necesariamente se va agravando.

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La literatura, por lo que yo sabía, era una obstinada serie de tentativas por colocar una palabra tras otra siguiendo determinadas reglas definidas, o más a menudo reglas no definidas ni definibles, pero extrapolables a partir de una serie de ejemplos o códigos, o bien reglas inventadas para esa ocasión, haciéndolas derivar de reglas seguidas por otros. Y en estas operaciones, la persona, el yo, explícito o implícito, se fragmenta en distintas figuras, en un yo que está escribiendo y en un yo que es escrito.

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La batalla por la literatura consiste precisamente en un esfuerzo por salirse de los límites del lenguaje; se asoma al borde extremo de lo decible y es la llamada de lo que está fuera del vocabulario lo que le mueve a la literatura.

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Sí, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras el mesero trae la charola que soporta el Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular la máxima de Adolfo Bioy Casares por el mantel tan blanco: La eternidad es una de las raras virtudes de la literatura.

Gil s’en va

 gil.games@milenio.com