UNO HASTA EL FONDO

Hasta la vista, 'baby'

Trump se ha adelantado a la reacción mexicana, una reacción sin reacción. Un tuitazo y adiós. Por cierto, México debió responder sin tuits, el vocero debió informar al país, no a la fronda tuitera.

Gil despertó dividido: unos decían que Peña debería enfrentar sus responsabilidades; otros, que ni por equivocación debería asistir a esa reunión en Washington. Mientras esto ocurría, Trump mandó un tuit en el cual afirmaba que si Peña Nieto no estaba dispuesto a aceptar el muro mejor sería que no viajara rumbo a la Casa Blanca.

Así las cosas (a veces las cosas son solamente las cosas), Gil iba y venía entre las llamas, como escribió el clásico: la vida mexicana se dividió en dos, los que estaban de acuerdo en que el Presidente fuera a Washington y aquellos que se negaban al viaje. Desde luego, Gil forma parte de la segunda parte de ese mundo. Gamés informa: Trump se ha adelantado a la reacción mexicana, una reacción sin reacción. Un tuitazo y adiós. Por cierto, México debió responder sin tuits, el vocero debió informar al país, no a la fronda tuitera, la resolución del presidente Peña. ¿Las redes como vía de comunicación social? En fon.

Aquel presidente

Cuando se alborotaba el cotarro, Gil leía Democracia en construcción de Enrique Krauze, publicado por editorial Debate, una edición de sus ensayos y sus artículos. En esas páginas, Gamés encontró historias y lecciones. Oigan esto: cuando tomó posesión en diciembre de 1946, el Sindicato de Trabajadores de Petróleos emplazó a una huelga a Pemex amenazando con paralizar el suministro de combustible. El gobierno, escribe Krauze, ofreció 10 por ciento de aumento con opción de llegar al 15, pero el sindicato rehusó: “Sin titubear, Alemán ordenó la movilización del ejército, cuyos efectivos comenzaron a atender las gasolineras. Los líderes se avinieron al 15%, pero la empresa se mantuvo en el 10 original. El servicio se normalizó. Al poco tiempo, el Presidente y los líderes se reunieron a comer para limar asperezas. Vinieron los brindis. ‘Pero si nada más lo estábamos calando, señor Presidente’, le dijeron. A lo que el Presidente contestó: ‘Pues ya me calaron, hijos de la chingada’”. El ensayo de Krauze se llama “Calando al Presidente”.

Prudencia

En las mismas páginas de Democracia en construcción, Krauze escribe “La prudencia de Lázaro Cárdenas”:

“En la histórica decisión que llevó a Lázaro Cárdenas a expropiar las empresas petroleras incidió una experiencia personal. Hacia 1926, días después de su llegada como comandante militar de la Huasteca veracruzana, las compañías petroleras habían tratado de sobornarlo con un cañonazo de 50 mil pesos y un lujoso Packard estacionado a la puerta (…) Pocos saben que fue el poeta José Gorostiza quien redactó la nota diplomática enviada al gobierno de Estados Unidos y el propio discurso del 18 de marzo de 1938. Aquel día, Cárdenas pidió el respaldo del pueblo no solo por la reivindicación de la riqueza petrolera, sino por la dignidad de México. La respuesta ciudadana fue masiva y entusiasta.

“Una vez decretada la expropiación, Cárdenas no cerró las puertas a una negociación con las empresas petroleras. De hecho, según consigna Lorenzo Meyer, en abril de 1938, el secretario de Hacienda, Eduardo Suárez, ‘ofreció un arreglo mediante el cual las propiedades podían volver a ser operadas por las empresas, pero bajo contrato de México.

“Evidentemente, Cárdenas no albergaba la menor simpatía por ‘la dictadura económica del capitalismo imperialista’. La actitud del Presidente se explica por su prudencia. Cárdenas no era un hombre dogmático, sino un joven general revolucionario que ensayaba —con una difícil mezcla de cautela y firmeza— soluciones prácticas frente a cada circunstancia, siempre dentro de la Constitución.

“La prudencia explica muchas cosas. Desde el inicio de su gobierno, Cárdenas se apartó de Calles y no azuzó más el conflicto con la Iglesia. En 1936 ante la rebeldía empresarial de Monterrey, estableció desde el Estado lo que se llamó ‘el equilibrio de los factores de la producción’, pero sin ahogar a la iniciativa privada. Nunca sabremos lo que Cárdenas habría pensado sobre la reforma energética. Sabemos que actuaba con prudencia, no con dogmatismo ante las circunstancias de su tiempo”.

La lectora y el lector lo saben, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras se acerca el mesero con la charola que sostiene el Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular la frase de Horacio por el mantel tan blanco: Mezcla a tu prudencia un grano de locura.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com